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Insomnio en adultos

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El no dormir, dormir poco o dormir mal pueden llegar a convertirse en toda una tortura: el no conseguir un sueño satisfactorio, continuado y profundo una noche tras otra es causa de uno de los malestares más insufribles que pueden afectar al individuo a lo largo de su vida. Una persona que continuadamente tarde mucho en dormirse, o que frecuentemente se despierte sin quererlo y no sea capaz de volver a dormirse, es víctima, sin duda, de un trastorno que repercute negativamente sobre su cuerpo, sus funciones mentales y su rendimiento durante el día. 

En nuestra sociedad occidental, uno de cada cuatro individuos sufre de mal dormir en alguna de sus múltiples manifestaciones. Sin embargo, en pocos casos se trata de enfermedades aisladas, sino que con frecuencia suelen ser la señal de una irregularidad de origen físico o psíquico que la persona está sufriendo en el presente o que sufrió con anterioridad. La torturante imposibilidad de dormir puede afectar a seres humanos de todas las edades y condiciones, independientemente de su estado físico o de su posición social. Las formas de vida actuales, unidas al estrés que generan, hacen que cada día crezca más el número de personas que sufren trastornos del sueño.

Para comprender mejor el «insomnio”, debe tomarse en consideración los siguientes tres principios sobre la organización y el funcionamiento del sueño: En primer lugar, no es preciso evaluara el mal dormir tan solo por número de horas que una persona habitualmente duerme. Debemos recordar que no todos necesitamos dormir el mismo número de horas y, aunque el promedio de horas de son suficientes está al rededor de las siete horas y media, algunas personas tienen suficiente con cinco o seis horas y otras necesitan nueve o diez. En segundo lugar, el número de horas que una persona duerme no siempre nos indica la calidad de su sueño. Con frecuencia, hay personas que no se sienten suficientemente descansadas cuando se levantan por la mañana, aunque hayan dormido un puñado de horas del todo suficientes. Finalmente, sabemos que las funciones de nuestro organismo se organizan en el tiempo de una forma bien particular a través de los ritmos biológicos, que nos permiten estar despiertos después de haber dormido y dormir después de haber estado despiertos. El sueño no tendía sentido separadamente de la vigilia: según como estemos durante el día, así dormiremos; y según como durmamos, así estamos durante día. Por lo tanto, consideraremos que una persona duerme mal sólo cuando no consiga dormir las horas suficientes, en cantidad o calidad, que le proporcionen el descanso y la recuperación necesarias para disfrutar de una vigilia con un óptimo rendimiento físico y mental

Por tanto, para evaluar correctamente el insomnio de una persona, tan importante es calcular las horas que duerme, como descubrir si sufre durante el día de cualquier molestia que refleje las repercusiones de un mal dormir: irritabilidad, fatiga, mal humor, falta de concentración, lapsus de memoria o presencia de sopor o sensación de sueño ante situaciones poco interesantes, aburridas o monótonas (la televisión, la lectura o conducir por la autopista). Sufrir de alguno de estos síntomas puede ser una señal de que las horas que hemos dormido la noche anterior han sido insuficientes o poco satisfactorias. 

Se calcula que entre el 20%-30% de la población general sufre de insomnio (10% de forma crónica). Pero sólo 1 de cada 4 ha consultado alguna vez a su médico aprovechando una visita por otro motivo y sólo 1 de cada 20 consulta específicamente por su problema de insomnio.

Si tienes un sueño no reparador, o dificultades para conciliar/ mantener el sueño, pide ayuda y no dejes de lado una función tan necesaria como el correcto descanso. En PsicoSabadell tenemos a tu disposición un equipo formado por psicólogos y un psiquiatra que te acompañarán en tu intervención.


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El insomnio en la tercera edad

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Las quejas de sueño inadecuado son muy comunes entre los ancianos, y plantea numerosos problemas de diagnóstico. Cerca del 35% de los ancianos presenta problemas relacionados con el sueño, especialmente de insomnio. El diagnóstico diferencial del insomnio en el anciano comprende las siguientes entidades:

Cambios en el sueño con la edad.

Generalmente, con la edad el sueño es más escaso, fragmentado y superficial, y la latencia de sueño es mayor. Seis a ocho horas de sueño al día suelen ser suficiente en personas mayores. También se produce con mayor frecuencia somnolencia diurna, y se pasa más tiempo en la cama. Es frecuente que estos cambios se perciban como anomalías, y que produzcan una queja de insomnio.

Insomnio asociado con enfermedades mentales.

Prácticamente todos los trastornos psiquiátricosdemencia, delirium, depresión, ansiedad, trastornos psicóticos – pueden producir insomnio, así como las reacciones de adaptación a acontecimientos vitales estresantes.

Insomnio asociado a enfermedades somáticas.

Las enfermedades somáticas asociadas a dolor crónico (ej. artritis reumatoide), a dificultades respiratorias (ej. EPOC, insuficiencia cardiaca), o a obstrucción urinaria (ej. prostatismo, infecciones urinarias crónicas), pueden producir insomnio con gran frecuencia. También pueden dar lugar a insomnio la mioclonía del sueño y la apnea del sueño.

Insomnio asociado con tratamientos.

Los agentes simpaticomiméticos (ej. descongestionantes y broncodilatadores), las xantinas, algunos antidepresivos (ej. fluoxetina) y sustancias como la cafeína pueden interferir con el sueño, especialmente si se consumen por la tarde.

Insomnio relacionado con trastornos de la respiración

Por ejemplo, la apnea del sueño

Mioclonus nocturno

Movimientos o sacudidas periódicas de las piernas que alteran el sueño.

Insomnio Primario.

Si todas las causas anteriores se han descartado, nos encontramos frente a un insomnio primario.

A la luz de dicho diagnóstico diferencial, es evidente que el tratamiento del insomnio debe ir encaminado en primer lugar a eliminar las posibles causas. En cualquier caso, antes de iniciar cualquier tratamiento se deberá optimizar el cumplimiento de las normas de higiene del sueño.

Reglas de higiene del sueño en el anciano.

-Regularidad en las horas de acostarse y levantarse, tendiendo a acostarse un poco más tarde.
– Evitar las siestas, especialmente empleando la cama.
– Evitar el consumo de café, alcohol y bebidas con cafeína por la tarde.
– Ejercicio físico moderado; no por la tarde.
– Tª entre 18 y 22º
– Evitar ruidos; si es imposible, contrarrestar con ruidos monótonos y relajantes.
– Evitar colchones excesivamente mullidos; favorecer el empleo de tablas o colchones duros.
– Cena moderada 2-3 h antes de acostarse como mínimo.
– Usar la cama sólo para dormir.

Los métodos de relajación pueden emplearse con buenos resultados cuando el paciente ha desarrollado un insomnio condicionado, en el que la propia expectativa del sueño favorece la aparición de ansiedad que impide el sueño.

En cuanto al empleo de sustancias hipnóticas, existen varios fármacos disponibles, pero deben emplearse con precaución y siempre bajo supervisión de un especialista en Psiquiatría. Si analizamos la relación riesgo/beneficio, debemos establecer unas pautas concretas para la utilización de fármacos hipnóticos en el anciano:

– Limitarse a las indicaciones establecidas.
– Insistir en la comprensión de las instrucciones de uso por parte del paciente y/o un familiar.
– Utilizar la mínima dosis posible, no más de 20 días al mes y menos de tres meses, siempre que sea posible.
– Seguimiento regular del paciente y supervisión de su psiquiatra de referencia, controlando especialmente las secuelas diurnas y efectos secundarios.


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La depresión en adolescentes

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La propia adolescencia, como etapa evolutiva del desarrollo, está expuesta a una serie de cambios tanto físicos como emocionales. Es una etapa de confusión e incertidumbre, en la cual se descubre la propia identidad y se acaba de formar la personalidad, por lo tanto no siempre es fácil para los familiares de un chico o chica adolescente diferenciar los síntomas de la depresión entre las dificultades propias de la adolescencia.

A diferencia de los adultos, que tienen la capacidad de buscar ayuda por su cuenta, los adolescentes esperan que las personas de su alrededor reconozcan su sufrimiento.

El mal humor o rebeldía son normales en la etapa de la adolescencia. Pero los cambios persistentes de personalidad, de estado de ánimo o de comportamiento son señales de alerta de que existe un problema más grave.

Las señales de la depresión no siempre son obvias. Los adolescentes con depresión no necesariamente muestran tristeza sino que pueden manifestar irritabilidad, enfado o agitación. Otro de los elementos claves y que pueden hacernos sospechar, es si el chico o chica se aparta de sus amistades y predomina el aislamiento. Las relaciones interpersonales suelen verse afectadas en la depresión adolescente.

También suelen perder el interés en actividades que antes les resultaban agradables, es decir, dejan de practicar algún deporte, algún hobby…

Se observa un peor rendimiento académico y un desinterés por los estudios. Es frecuente que dejen de asistir a clase y sus notas bajen considerablemente.   Por ello es importante hablar con el/la tutor/a de nuestro/a hijo/a para saber cual ha sido su asistencia al instituto y si ha observado algún cambio en su comportamiento o actitud.

Hay que prestar atención de igual modo, a cualquier cambio en los hábitos alimentarios, es decir, pérdida del apetito o por el contrario hambre en exceso.

El sueño también suele verse alterado, les cuesta conciliar el sueño, suelen despertarse durante la noche o a pesar de haber dormido las horas necesarias sienten fatiga o falta de energía.

En los adolescentes con depresión predomina la falta de entusiasmo y de motivación, no sienten interés por nada ni le encuentran sentido a nada.

Si como padres sospechan que su hijo/a podría estar deprimido, hable con él o ella de sus preocupaciones de una manera cercana. Incluso aunque no esté seguro de que la depresión sea el problema, los comportamientos problemáticos y las emociones que está viendo pueden ser signos de alarma de un problema que debe hablarse. Hablar con el adolescente sobre sus preocupaciones y hacerle saber que está dispuesto a escuchar lo que le ocurre e intentar ayudarle en lo que necesite. El adolescente necesita sentirse apoyado pero hay que evitar que se sientan acorralados o interrogados.

 

Consejos para comunicarse con un adolescente deprimido

Es importante escuchar e intentar no juzgar o criticar a su hijo/a.

  • Si su hijo se cierra y no quiere hablar al principio no se rinda.   Incluso aunque quieran hablar sobre ello, pueden tener dificultades para expresar lo que sienten. Hay que ser respetuoso con los tiempos y no presionar, hasta que su hijo se sienta cómodo para poder explicar como se siente.
  • Reconozca sus emociones y sentimientos. Incluso aunque le parezcan absurdos, es importante empatizar y validar sus emociones. Si le quitamos importancia, se sentirán como si no les tomaran en serio. Lo único que necesitan es sentirse apoyados y comprendidos.

El apoyo por parte de sus familiares puede ser de gran ayuda para los adolescentes deprimidos, pero no siempre es suficiente. Cuando la depresión es grave, es necesario buscar ayuda profesional.

Desde nuestro centro de psicología trabajamos con niños y adolescentes, así como con su familia y otros profesionales implicados. Nos adaptamos a las necesidades de cada paciente, ya que, para nosotros es fundamental una buena relación entre psicólogo y paciente como base de la intervención.

 

Raquel Bello
Nº Col 25124


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