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Autolesiones y gestión emocional

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Las autolesiones son conductas agresivas dirigidas hacia uno mismo con la intención de provocar daño en el propio cuerpo.

Son conductas autodestructivas, aunque no tengan una finalidad suicida, e impulsivas, que actúan como distracción al malestar psicológico y emocional. Son una forma de expresar el sufrimiento a través del cuerpo, ya que es más fácil controlar el dolor físico que el emocional.

Las emociones que suelen estar detrás son la rabia, ira, tristeza, sentimiento de vacío y dolor emocional. La finalidad es liberar la tensión que se padece en ese momento y una relajación momentánea. No obstante, la liberación y la relajación que se consigue con estas conductas duran poco tiempo, ya que aparecen dificultades secundarias como son los sentimientos de vergüenza y culpa y la probabilidad de ocasionar lesiones graves y/o mortales, empeoramiento de la salud mental, cicatrices permanentes e infecciones.

En muchas ocasiones cubren una función inicial concreta, y entender cual es el trasfondo de esta conducta es esencial para poder dar recursos adaptativos al paciente. Las más frecuentes suelen ser las siguientes:

  • para sentir alivio
  • para mostrar lo mucho que se sufre
  • para obtener un merecido
  • para sentirse viva o real
  • para sentir que hay un motivo real para experimentar dolor
  • para comprobar que no se está soñando
  • para castigar a otros
  • para volver a la realidad
  • para pedir ayuda
  • para sentir purificación o limpieza

Las autolesiones suelen llevarse a cabo en privado y pueden mantenerse ocultas durante mucho tiempo. Pueden iniciarse de manera ocasional ante emociones intensas, para acabar convirtiéndose en un hábito y ritual. Debido a su uso reiterado, se aumenta la tolerancia al dolor. Se han relacionado con diferentes patologías a nivel de salud mental, como son los trastornos de personalidad y de la conducta alimentaria.

Aunque cualquier parte del cuerpo puede ser objeto de autolesión, normalmente suelen realizarse en los brazos, piernas y antebrazos. Las formas de autolesión más típicas serían: cortes, normalmente realizados con algún objeto afilado, rascarse, quemaduras, grabarse palabras o símbolos en la piel y darse golpes a sí mismo.

Independientemente de los formatos en los que estas aparezcan, lo fundamental es no juzgar al paciente por dicha conducta, y comprender que detrás de está acción se albergan altos niveles de sufrimiento. En muchas ocasiones acompañado de una carencia de recursos para la gestión emocional adaptativa y marcados niveles impulsividad.

Una adecuada evaluación y un buen diagnóstico, serán claves a la hora de enfocar un adecuado tratamiento psicológico que permitirá el abordaje de este tipo de conductas autolesivas, así como las patologías psicológicas subyacentes a la autolesión.

Tamara Garrido Nº Col. 23711
Irene González Nº Col. 19275
Psicólogas Generales Sanitarias
Psicólogas de Adultos y terapeutas EMDR


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Trastornos de personalidad

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La personalidad es ese patrón de pensamiento, sentimiento y conduc­tas características que distinguen a las personas entre sí y que persiste a lo largo del tiempo y a través de las situaciones. Un trastorno de la personalidad es un patrón permanente e inflexible de experiencia inter­na y de comportamiento que se aparta acusadamente de las expectati­vas  dela cultura del sujeto, tiene su origen en la adolescencia o inicio de la edad adulta, es estable a lo largo del tiempo y comporta malestar o perjuicios para el sujeto y los que a su alrededor. Los trastornos de personalidad que encontramos son:

Trastorno paranoide de la personalidad

Se caracteriza por un patrón de desconfianza y suspicacia que hacen que se interpre­ten maliciosamente las intenciones de los demás. Tienen dudas continuas a la lealtad de sus allegados incluso la fidelidad de su pareja sexual. Están en actitud vigilante continua de suentorno y de los demás, prestando mucha atención a los mensajes con doble sen­tid.  A estas personas puede aplicárseles el dicho «piensa mal y acertarás». Son muy reseradas y cautelosas, sensibles a crítica. Estos rasgos provocan que se muestren distantes y  frías con los demás.

Trastorno esquizoide de la personalidad

Es un patrón de desconexión de las relaciones sociales y de restricción de la expresión corporal. Aparecen como distantes y fríos, indiferentes al contacto social; son solitarios, no pareciendo necesitar la compañía de otras personas, no disfrutan de relaciones socia­les ni de pareja, se muestran inmunes a elogios o críticas de los demás, se suelen dedicar actividades laborales o de ocio de tipo abstracto o mecánico donde no tienen que rela­cionarse con otras personas ni expresar emociones. Con frecuencia hacen lazos afectivos  fuertes  con animales.

Trastorno esquizotípico de la personalidad

Consiste en un patrón de malestar interno en las relaciones personales, distorsiones,  cognoscitivas o perceptivas y excentricidades de comportamientos. En la CIE-10 no apa­rece como trastorno de personalidad, emparentándose con la esquizofrenia. El trastorno esquizotípicoa veces evoluciona hacia ésta. Se caracteriza por aislamiento social, afecti­vidad restringida, afecto inadecuado, ideación paranoide, ideas de referencia, creencias extrañas, experiencias perceptivas inusuales (sensación de presencia de una persona), conductas excéntricas, torpeza en situaciones sociales y ansiedad social, así como un lenguaje extraño. En situaciones de estrés pueden experimentar síntomas psi­cóticos transitorios.

Trastorno antisocial de la personalidad

Consistente en un patrón de desprecio y violación de los derechos de los demás. Es más frecuente en hombres. Se inicia en edad muy temprana, normalmente antes de los 15 años. Se trata de sujetos socialmente irresponsables, impulsivos y carentes de senti­mientos de culpa, y de empatía hacia los sentimientos de otro; son irritables y agresivos, con poca tolerancia a la frustración. Muestran conductas impulsivas, imprudentes y manipuladoras. Aparece un fracaso para adaptarse a normas sociales, con trasgresión -recuente de leyes (robos, peleas, consumo de tóxicos), normalmente son incapaces de conservar un trabajo y de mantener relaciones estables. Con mucha fre­cuencia son irresponsables con sus hijos y maltratadores de éstos y sus cónyuges.

Trastorno límite de la personalidad

Se asienta en un patrón de inestabilidad de las relaciones interpersonales del sujeto, su autoimagen y sus afectos, además de una notable impulsividad. Aparece un senti­miento crónico de vacío, temen ser abandonados y realizan un gran esfuerzo par evitar­lo. Este tipo de personas tienden a implicarse de forma intensa en relaciones personales, siendo éstas conflictivas e inestables, con tendencia a percibirlas de forma dicotómica idealización-desvalorización. Aparece inestabilidad anímica, amenazas de suicidio y conductas suicidas y automutilantes. Presentan dudas respecto a su autoimagen y su orientación sexual. Ocasionalmente aparecen ideas paranoides transitorias o síntomas disociativos.

Trastorno histriónico de la personalidad

Consiste en presentar un patrón de emotividad excesiva y de demanda de atención constante. Es más frecuente en mujeres. Muestran una actitud teatral y seductora con los demás, buscan apoyo o alabanza de forma continua intentando ser el centro de atención. Utilizan el encanto sexual para seducir y controlar relaciones mostrándose muy preocu­pados por su atractivo físico, sus emociones son superficiales y cambian rápidamente tendiendo a la expresividad emocional exagerada de tono teatral. Utilizan un lenguaje impresionante e impreciso. Este trastorno se asocia con frecuencia a los trastornos del estado de ánimo, consumo de alcohol y sustancias psicoactivas.

Trastorno narcisista de la personalidad

El sujeto presenta un patrón de grandiosidad, necesidad de admiración y gran falta de empatía. En base a sus sentimientos de grandiosidad exagera sus logros y capacida­des, muestra una conducta soberbia o arrogante, espera ser tratado de forma especial, tienden a ser líderes, seguros de sí y ambiciosos, su reacción habitual ante críticas es de rabia, con escasa tendencia a reconocer los propios defectos y errores. De manera com­plementaria, están preocupados por sentimientos de envidia hacia otros. Tienden a la explotación de otras personas, aprovechándose de los demás para conseguir fines pro­pios; esto no suele generarle sentimientos de culpa debido a su creencia de ser «especia­les». Sus relaciones sociales son frágiles y superficiales con pocos o ningún amigo íntimo

Trastorno de la personalidad por evitación

Es un patrón de inhibición social, sentimientos de incompetencia e hipersensibilidad a la evaluación negativa. Aparece una imagen devaluada de sí mismo, con sentimientos de ser inadecuado o defectuoso, se perciben como socialmente ineptos, poco interesan­tes para los demás e inferiores a ellos. Este esquema negativo de sí mismo con frecuen­cia no es claramente consciente para la persona. La esfera interpersonal es la que apare­ce más afectada, son hipersensibles a las críticas intentando a toda costa mantener una conducta complaciente con los demás «no caer mal a nadie», evitan las actividades que supongan un contacto con otras personas, sobre todo con desconocidos, por temor a la crítica o el rechazo. Mantienen un círculo cerrado de amigos relacio­nándose con aquella gente que están seguros de que lo aceptan, mues­tran inhibición social y sentimiento de vergüenza en situaciones socia­les por temor a decir algo inadecuado.

Trastorno de la personalidad por dependencia

Consiste en un patrón de comportamiento sumiso relacionado con una excesiva nece­sidad de ser cuidado. Es más frecuente en mujeres. Sienten la necesidad de ser aconse­jado excesivamente a la hora de tomar decisiones ocurriendo con frecuencia que otros tomen por él decisiones importantes. Tienen dificultad para iniciar proyectos por inicia­tiva propia, actitud complaciente hacia los demás por temor a que se enojen con él si actúa más asertivamente y le retiran el apoyo. Busca de forma compulsiva vincularse a otras personas ya que solo se siente perdido, suele percibir de forma catastrófica las rup­turas o pérdidas de personas para él. Mantiene una actitud de entrega y anulación de sí mismo. Está pendiente de las necesidades de los otros, su deseo es de hacer feliz a los demás y ayudarles, detrás de esta actitud está la esperanza de ser cuidado por los demás. Es fácilmente herido por las críticas y desaprobación de los demás despertando en él su temor al abandono.

Trastorno obsesivo-compulsivo de la personalidad o anancástico

Comporta un patrón excesivo de preocupación por el orden, el perfeccionismo y el control. Es más frecuente en mujeres. Parece existir una necesidad muy grande de con­trol tanto de sí mismo como del entorno y una especial sensibilidad y temor a cometer errores, anticipando consecuencias catastróficas en el caso de descontrol o error. Muestran excesiva preocupación excesiva por los detalles, horarios, listas, etc. Necesidad de planificación de casi todas las acciones, pretenden de forma irrazonable que los demás hagan las cosas como ellos quieren, tienen dificultad par a delegar responsabili­dad en otros; estos rasgos dificultan la realización de tareas, suelen volcarse completa­mente en el trabajo con explosión de actividades sociales y recreativas. Predomina la introversión, muestran aspecto rígido y serio con poco sentido del humor, aspecto con­vencional en su forma de vestir, su expresión emocional es muy restringida, tienen ten­dencia a la duda y a la indecisión, dificultad para la toma de decisiones, necesidad de sopesar los pros y los contras de forma interminable por su intenso temor a cometer erro­res.

 


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La importancia del primer vínculo

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Los humanos establecemos vínculos constantemente con las personas que nos rodean. Con nuestra pareja, familiares, amistades, etc. Pero el vínculo más importante que creamos, es el primero de todos. Se le llama apego, y es el vínculo emocional que establecemos en edad temprana con nuestro cuidador primario, es decir con la madre, o la figura de referencia en nuestro cuidado.  

Los bebes nacen con conductas, como el balbuceo, las sonrisas, la necesidad de contacto, el llanto, etc., destinadas a generar respuestas en sus cuidadores para generar así el vínculo. Pero también poseen un comportamiento innato que les lleva a explorar cosas nuevas. Un apego seguro genera en los bebes un sentimiento de aceptación y de protección incondicional de sus cuidadores, proporcionándoles la seguridad emocional necesaria para el buen desarrollo de su personalidad y una base segura para explorar el mundo que les rodea. Por contra, la dificultad de acceso o la inacción de su cuidador, puede generar un estado de ansiedad o temor en los bebes.

El tipo de apego que adquirimos se suele mantener a lo largo de la vida, construyendo un modelo de personalidad propio con creencias y juicios sobre nosotros mismos y los demás que condicionan los vínculos y dinámicas que establecemos en nuestra vida y nuestras relaciones.

 

Tipos de apego

Los autores que han estudiado el apego, definen tres tipos:

  • Apego seguro: es aquel en el que el niño busca la protección y la seguridad del cuidador y recibe cuidado constantemente. El cuidador suele ser afectivo y está disponible constantemente a las necesidades del niño, lo que permite al niño desarrollar un concepto de sí mismo y de confianza positivos.

De mayores, las personas que tuvieron un apego seguro, suelen ser psicológicamente estables y construyen relaciones con los demás que tienden a ser más cálidas, estables y satisfactorias.

 

  • Apego evitativo: es aquel en el que el niño crece al lado de un cuidador inaccesible emocionalmente y que desatiende constantemente sus necesidades. El niño no adquiere el sentimiento de confianza hacía si mismo que le lleve a querer explorar.

De mayores, tienden a ser solitarios, muy racionales, reprimen sus emociones, y evitan cualquier situación que les angustie. También suelen aparecer sentimientos de inseguridad y abandono.

 

  • Apego ambivalente: es aquel en el que el niño recibe una respuesta incoherente del cuidador; quien dispone de pocas habilidades y se muestra contradictorio. En ocasiones es afectuoso, y en otros momentos ignora al niño, o incluso se enfada con él.

De mayores son personas excesivamente autocríticas e inseguras. Son dependientes y se muestran constantemente desconfiadas y con miedo a ser rechazadas, aunque lo camuflen bajo comportamientos controladores.

 

  • Apego desorganizado: es aquel en el que el niño recibe del cuidador respuestas que le generan miedo debido a que se dan situaciones caóticas, incontroladas y violentas. El cuidador muestra una conducta atemorizante hacía el niño, o atemorizada por lo que sucede. El niño percibe una ausencia total de control en su seguridad, protección y estima.

De mayores muestran una personalidad temerosa, evitativa y violenta. Trasladan los sentimientos reprimidos en el pasado al presente, interpretando las cosas como peligros que les hacen reaccionar de forma impulsiva, con tres tipos de conducta: se bloquean, huyen o pelean.

 

Desde nuestro centro de psicología consideramos esencial evaluar todos los aspectos que puedan estar contribuyendo al malestar del paciente, incluyendo sus vínculos más primarios y la forma en que ahora los construye. Por lo que, si identificas aspectos en tu caso de este estilo, no dudes en contactarnos y comenzar a realizar un abordaje integrador que te ayude a detectar y adquirir estrategias para mejorar tus habilidades personales y con los demás.

 

Por:   Marta Farré
Nº Col. 23.251


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Los Trastornos de Personalidad

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Son muchas las ocasiones en las que pacientes que han recibido intervenciones psicoterapéuticas vuelven a recaer una y otra vez, encontrándose con una importante frustración al ver que los especialistas no dan en la diana con su problemática.  Cuando la intervención obvia hacer una evaluación sobre los rasgos de personalidad del sujeto, y únicamente nos quedamos con los síntomas que apuntan a diagnóstico en eje I, nos perdemos una gran parte de la información, y seguramente las dificultades del paciente sobre las que hay que trabajar con mayor intensidad.

Hablar de un diagnóstico en eje II es referirnos a las personas con Trastorno de Personalidad, que habitualmente tienen esquemas cognitivos que no les permiten una relación normalizada con su entorno y tampoco con su propio autoconcepto. Consideramos la presencia de un TP cuando la forma de percibirse de uno mismo, de relación con el resto y de analizar las diferentes situaciones que se dan en su vida, causan un deterioro significativo o alteran la normalidad de su funcionamiento. Y esto se presenta de forma inflexible y a pesar de ser fórmulas desadaptativas que generan malestar en el sujeto y su entorno, se mantienen.

Cuando realizámos un diagnóstico de Trastorno de Personalidad tenemos que tener en cuenta que aun que en ocasiones los síntomas  son muy similares a los de otros diagnósticos prototípicos de eje I, los primeros son mucho más complejos y difieren esencialmente en la cantidad, intensidad y perpetuidad. Además generan afectación a todo el carácter del individuo, a su forma de funcionar en el mundo y generan considerables dificultades a la hora de hacer frente a las dificultades de una manera adaptada y/o efectiva.

Estos aspectos que según la bibliografía y los manuales diagnósticos tienen que ser patrones permanentes e inflexibles de experiencia interna y de comportamiento que se apartan de las expectativas de la cultura del sujeto, tiene su inicio en la adolescencia o principio de la edad adulta, tienen que mantenerse estables a lo largo del tiempo y comportar malestar o perjuicios para el sujeto.

Desde nuestro centro de psicología y psiquiatría consideramos esencial realizar un trabajo integral y multidisciplinar, donde evaluar todos los aspectos que puedan estar contribuyendo en la alteración de la funcionalidad del sujeto, su personalidad incluida. Por lo que si identificas aspectos en tu caso de este estilo, no dudes en contactarnos y comenzar a realizar un abordaje integrador que te surta de herramientas para aprender a modular estos rasgos de personalidad.

 


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