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Trastorno bipolar en edad infantil

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El Trastorno bipolar en la infancia es a menudo un trastorno grave, que conlleva a importante deterioro funcional del niño o adolescente y considerable afectación en el ámbito familiar. El pronóstico y la funcionalidad del niño pueden mejorar considerablemente cuando se realiza un diagnóstico adecuado y una intervención terapéutica precoz e integral.

Frecuentemente se asocia a otros trastornos como el Trastorno negativista desafiante, el TDAH y el consumo de sustancias. Estos trastornos pueden enmascarar o retrasar el diagnóstico del Trastorno bipolar e interaccionar agravando la problemática y dificultando el tratamiento.

Los estudios han demostrado que el Trastorno bipolar en la infancia origina una importante incapacidad e impacto en la vida del niño/adolescente, con un marcado aumento de la morbilidad e incluso mortalidad.

A pasar de la afectación ocasionada en el niño/adolescente y de la importancia de realizar un diagnóstico precoz, El Trastorno bipolar en la infancia resulta mayormente infradiagnosticado.

La forma de presentación suele ser diferente al Trastorno bipolar de la edad adulta, siendo en muchas ocasiones difícil llegar al diagnóstico adecuado. Es por ello que se recomienda realizar la evaluación del niño o del adolescente por un profesional experto en esta problemática. 

El tratamiento de elección del Trastorno bipolar es farmacológico. Los fármacos más recomendados para el tratamiento son los del grupo de los antipsicóticos atípicos y los estabilizantes del ánimo.

Los niños suelen ser más susceptibles a los efectos secundarios de los fármacos que los adultos. Los efectos secundarios más frecuentes con el tratamiento son: Aumento de peso, somnolencia, hiperprolactinemia (aumento de prolactina).

La estabilización del paciente y la adecuada tolerancia a los fármacos utilizados en el tratamiento del Trastorno bipolar en edad infantil suelen ser dificultosos. Generalmente se requiere el empleo de diferentes fármacos a lo largo del seguimiento y muchas veces la utilización de fármacos en combinación. 

La respuesta al tratamiento farmacológico mejora notablemente cuando es acompañada de una intervención terapéutica psicológica.

Se ha reconocido la eficacia de terapia cognitivo-conductual, la psicoterapia interpersonal y la terapia focalizada en la familia.

En asociación al tratamiento farmacológico y psicoterpéutico se recomienda realizar un abordaje psicoeducativo a nivel familiar.

Otros tratamientos ensayados: Estudios realizados han descrito el uso en el tratamiento del Trastorno bipolar en edad infantil de nutrientes, vitaminas, minerales y ácidos grasos Omega-3. Si bien se ha sugerido su utilización en el tratamiento, todavía no existen estudios con la suficiente calidad metodológica para demostrar eficacia y seguridad de estos tratamientos. Aún así, y sobre todo en casos de difícil estabilización, podrían ser considerados como adyudantes a la terapia farmacológica y psicoterapéutica.  

Dr. Mariano Bellina
Médico Psiquiatra 
Nº Col. 47541


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Aspectos clínicos de la depresión

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La característica común de los Trastornos Depresivos es la presencia de tristeza, sentimientos de vacío o irritabilidad, acompañado de cambios somáticos y cognitivos que afectan de forma significativa la capacidad de funcionamiento y adaptación de la persona.  

La persona puede describir sus sentimientos refiriendo que se encuentra deprimida, triste, desesperada, desanimada. Puede quejarse de no tener sentimientos, de llorar frecuentemente o de encontrarse ansiosa

En niños y adolescentes, el estado de ánimo puede ser más irritable que triste. También en niños, una caída precipitada en el rendimiento escolar puede reflejar una concentración pobre asociada a la depresión.

Para las personas con cuadros de menor gravedad el funcionamiento en su vida diaria puede parecer normal, pero requiere un esfuerzo notablemente mayor.

En algunos casos, la persona puede no llegar a percibir sus sentimientos de tristeza, por lo que es muy importante la entrevista realizada por un profesional con experiencia en este trastorno, que pueda reconocer síntomas subyacentes que no afloran fácilmente. Hay que tener en cuenta no solo lo verbalizado por la persona, sino también la expresión facial y su comportamiento. Algunas personas refieren quejas somáticas (por ejemplo, dolores y molestias corporales) en lugar de sentimientos de tristeza. Muchas refieren o muestran mayor irritabilidad (por ejemplo, enojo persistente, tendencia a responder a los eventos con arrebatos de enojo o culpar a otros, también un exagerado sentido de frustración por asuntos menores). En algunas personas, hay una reducción significativa de los niveles anteriores de interés o deseo sexual.

Otros síntomas que pueden presentar, incluyen: Cambios en el apetito o el peso, el sueño y la actividad psicomotora; energía disminuida; sentimientos de inutilidad o culpa; dificultad para pensar, concentrarse o tomar decisiones; o pensamientos de muerte

La pérdida de interés o placer suele estar casi siempre presente. Suele estar afectado el disfrute en actividades que antes se consideraban placenteras. Los miembros de la familia a menudo notan el retiro social o el abandono de las aficiones placenteras.

La sensación de inutilidad o culpa asociada con un cuadro depresivo puede incluir evaluaciones negativas poco realistas, o preocupaciones y reflexiones culposas sobre fallas pasadas menores. A menudo las personas malinterpretan los eventos cotidianos y tienen un sentido exagerado de responsabilidad por eventos adversos.

El Trastorno depresivo mayorrepresenta la condición clásica en este grupo de trastornos. Se caracteriza por episodios de al menos 2 semanas de duración (aunque la mayoría de los episodios duran considerablemente más tiempo) que implican cambios claros en el afecto, la cognición y las funciones neurovegetativas. El trastorno suele ser recurrente en muchos casos. 

La cronificación de los síntomas depresivos aumenta sustancialmente la probabilidad de empeorar rasgos de personalidad subyacentes, de producir o empeorar síntomas de ansiedad y  también suele ser un factor de riesgo para el consumo de sustancias.

Muchas personas a las que posteriormente se les diagnostica un Trastorno bipolar, comienzan presentando uno o más episodios depresivos. Esto es más probable en individuos con un primer episodio depresivo en la adolescencia, y aquellos con una historia familiar de Trastorno bipolar

Otros trastornos con los que el Trastorno depresivo mayor coexiste con frecuencia son el Trastorno de pánico, Trastorno obsesivo-compulsivo, Anorexia nerviosa, Bulimia y Trastorno de personalidad límite.

La Distimia es una forma más crónica de depresión, que puede ser diagnosticada cuando la alteración del estado de ánimo continúa durante al menos 2 años en adultos o 1 año en niños.

El Duelo provocado por una pérdida puede provocar un gran sufrimiento, pero no suele provocar un episodio depresivo mayor. Cuando éstos ocurren juntos, los síntomas depresivos y el deterioro funcional tienden a ser más graves y el pronóstico es peor. El duelo que se relaciona de forma conjunta con la depresión, tiende a ocurrir en personas con vulnerabilidades a los Trastornos depresivos, y en estos casos, para la recuperación puede ser necesario realizar un tratamiento psicoterapéutico e incluso implementar tratamiento farmacológico antidepresivo.

El Trastorno disfórico premenstrual consiste en un Trastorno depresivo que comienza en algún momento posterior a la ovulación y remite pocos días antes de la menstruación. Suele tener un marcado impacto en el funcionamiento de la persona; por lo que es importante considerar un tratamiento.

En PsicoSabadell, disponemos de un médico especialista en Psiquiatría que valorará la idoneidad de prescribir un tratamiento farmacológico en aquellos casos que sea pertinente.

Psiquiatra
Dr. Mariano Bellina
Num. Col. 47541


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Los delirios

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Un delirio se define como una creencia falsa sin ningún tipo de base lógica que una persona vive con rotunda convicción, siendo incapaz de desmontar esa idea a pesar de que la evidencia demuestre lo contrario.

Los delirios no son una mala interpretación o una equivocación pasajera que podría definirse como una creencia irracional, sino que son síntomas patológicos que tienen causa en una enfermedad y se engloban dentro de trastornos psicológicos, como por ejemplo, la esquizofrenia, la manía, el trastorno bipolar o la depresión con síntomas psicóticos. La diferencia entre un delirio y una creencia firme, aunque a veces es difícil de realizar, recae en el grado de convicción con el que se mantiene dicha creencia a pesar de las pruebas claras en contra de ese argumento.

Detectar una idea delirante puede ser complejo para las personas cercanas a la persona que lo sufre, porque hasta que no se empieza a sospechar de la incongruencia de la idea y se reúnen evidencias que demuestran lo contrario, el argumento del delirio puede llegar a parecer una situación fácilmente creíble. Para identificar un delirio se debe valorar cuanto se ajusta a los siguientes criterios:

 · Se vive con absoluta veracidad

· Se mantiene de forma irrefutable

· No se modifica ante los hechos o la experiencia

· El contenido es a menudo fantástico o poco probable. En ocasiones extravagante, es decir son hechos inverosímiles y que no proceden de la vida corriente (por ejemplo, que controlen el pensamiento, creerse un ser divino, etc)

· Los conocidos no comparten la misma idea

· La creencia es una fuente importante de malestar

· El individuo ve como su vida se rige por esta idea, pensando o hablando de ello continuamente.

 

Tipos de delirios

· Delirio erotomaníaco: convicción delirante en el que la persona cree ser amada por otra persona.

· Delirio persecutorio: convicción delirante en el que la persona cree que conspiran en su contra, le espían, le engañan, lo siguen, lo quieren envenenar, le acosan, o se proponen que no consiga sus objetivos.

· Delirio de grandeza: convicción delirante en la que la persona cree que tiene una capacidad mayor de la que realmente tiene viéndose como alguien único y grandioso.

· Delirio celotípico: convicción delirante de que la pareja de la persona le es infiel.

· Delirio somático: convicción delirante de que la persona de que alguna parte de su cuerpo cambia de aspecto, forma o tamaño, e incluso que está enfermo.

· Delirio mixto: cuando aparece más de un tipo de delirio, sin predominar uno en exclusiva.

 

Tratamiento de los delirios

Como hemos mencionado anteriormente, los delirios habitualmente aparecen en el transcurso de trastornos psicológicos (consumo de sustancias/medicamentos, trastornos psicóticos, trastornos de personalidad, trastornos obsesivo-compulsivo, y trastornos depresivos, entre otros). Para su tratamiento se deberá estudiar con detalle la sintomatología del paciente y definir bien el origen de los delirios, con tal de aplicar un tratamiento adecuado a cada caso.  Para ello se necesitará de un tratamiento psicológico y, en ciertos casos, farmacológico.

Desde la perspectiva psicológica, el abordaje se centra en la modificación de las convicciones delirantes y las consecuencias emocionales y conductuales que interfieren en la vida de la persona.

Si reconoces alguna de las características mencionadas con anterioridad o conoces a alguien que pueda presentarlas, no dudes en ponerte en contacto con nosotros y desde nuestro centro de psicología y psiquiatría Psicosabadell te asesoraremos de la mejor forma posible.

 Por:  Marta Farré
Nº Col. 23.251


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Actuaciones ante el Trastorno Bipolar

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El trastorno bipolar es una enfermedad crónica y cíclica, con elevadas repercusiones destructivas y costosas tanto a nivel personal, como familiar o social (Goodwin, 1990). Aunque el tratamiento farmacológico sigue siendo el puntal básico del tratamiento del paciente bipolar, es crucial acompañarlo de una intervención psicológica para trabajar la adherencia al tratamiento y la psicoeducación por parte del paciente.

La psicoeducación está basada en el modelo médico biopsicosocial y proporciona al paciente un acercamiento teórico y práctico hacia la comprensión y el afrontamiento de las consecuencias de su enfermedad (Colom, 1998).

Trastorno bipolar I

  • Al menos un episodio de manía
  • Posible mixto, episodios hipomaníacos y depresivos

Trastorno bipolar II

  • Episodios hipomaníacos y depresivos solamente

Ciclotimia

  • Numerosos períodos de síntomas depresivos y síntomas hipomaníacos sin cumplir los criterios de episodio de manía, mixto o depresivo, durante al menos 2 años

Trastorno bipolar no especificado

  • No reúne criterios para ningún trastorno bipolar específico
  • Síntomas depresivos y períodos de elevación del humor

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Fases del Trastorno Bipolar

  • Fase maníaca : Hiperactividad, euforia, conducta desordenada, ideas delirantes
  • Fase depresiva: Apatía, sensación de tristeza o de vacío, deseo de morir, inhibición social
  • Fase mixta: Hostilidad,, cambios rápidos de humor ,comportamiento descontrolado insomnio

 

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ACTUACIÓN ANTE EL INICIO DE UN EPISODIO

Inicio de la Euforia

Inicio de la Depresión
–       Incremento horas de sueño –       Descenso horas de sueño
–       Descenso actividades y estimulación –       Incrementar actividades
–       Evitar consumo de drogas –       Evitar consumo de drogas
–       Postergar gastos económicos –       Postergar decisiones importantes
–       Postergar nuevos proyectos –       Recordar que ninguna fase dura eternamente y que no se es culpable
–       Contactar con el psiquiatra/psicólogo

–      Contactar con el psiquiatra/psicólogo

 

¿CÓMO PUEDE AYUDAR LA FAMILIA?

¿QUÉ CONVIENE EVITAR?

  • La negación de la enfermedad.
  • La sobreprotección.
  • El atribuir toda reacción emocional a la enfermedad.
  • La crítica y la hostilidad ya que generan conflictividad y estrés.
  • Culpabilizar al paciente.
  • Culpabilizarse uno mismo por la enfermedad del paciente.
  • El aislamiento social.
  • Dejar en último lugar las necesidades propias.

 

¿QUÉ CONVIENE HACER?

  • Aceptar la enfermedad.
  • Informarse sobre la enfermedad.
  • Aprender a detectar los síntomas de recaída.
  • Potenciar el cumplimiento de la medicación.
  • Potenciar el que se lleven a cabo unos hábitos sanos y regulares.
  • Potenciar la comunicación y la resolución de problemas ya que permiten reducir el estrés.
  • Si el paciente está estable anímicamente tratarle con total normalidad, potenciando su autonomía.
  • Ser tolerantes y ajustar las expectativas en función del momento de la enfermedad.
  • Potenciar que tanto el paciente como el familiar tengan su propio espacio personal (actividades lúdicas, red social, etc.).
  • Asumir que hay aspectos que los familiares no pueden controlar.

 


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