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La disociación ante el trauma

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Son muchas las ocasiones en las que podemos sentir que nuestro comportamiento es contrario a nuestra propia forma de pensar, incluso a veces podemos llegar a sentir conflictos internos que suelen ser generadores de malestar.

Esta diferenciación de nuestra personalidad tiene nombre, se llama Disociación, y es un mecanismo de defensa que tiene nuestro cerebro para ayudarnos a afrontar situaciones traumáticas en las que percibimos que no disponemos de suficientes recursos para enfrentarnos a ello, por el alto coste emocional que presentan.

La exposición a un trauma, puede generar además del conocido Trastorno de Estrés Pos-traumático TEP, una afectación a nuestra estructura de personalidad difícil de tratar desde la intervención de corte cognitivo, ya que hablamos de una afectación emocional.

Por eso es tan importante recurrir a técnicas y modelos de intervención emocionales que nos permitan trabajar la disociación, y lograr integración de las partes que vivieron la o las experiencias traumáticas.

En PsicoSabadell somos especialistas en EMDR, una técnica especializada en el tratamiento de trauma simple y trauma complejo. Un formato de psicoterapia que permite resolver traumas emocionales que quedaron enquistados, generando importante sintomatología ansioso- depresiva y que en muchas ocasiones está mal diagnosticado bajo etiquetas de «Trastorno de ansiedad» o «Depresión«.

Animamos a quienes hayan estado expuestos a situaciones vitales de alta carga emocional (para la edad en la que uno lo vive) a que trabaje con esta técnica EMDR y resuelva todo aquello que ha quedado bloqueado y que aun a día de hoy sigue molestando emocionalmente.

Irene González
Psicóloga General Sanitaria
Num. Col 19275


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No, es No

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Desde la más completa incredulidad, decepción y repulsa por la respuesta del sistema judicial, queremos abordar este tema para tratar algunos de los aspectos que consideramos imprescindibles a tener en cuenta.

Cuando hablamos de “la manada”, recordamos los hechos acaecidos hace dos años casi, y que evidentemente fueron deleznables. Y es llamativo, porque se dieron a pesar de la inversión de los consistorios para concienciar a la gente de que en las festividades se evitaran conductas que vulneraran los derechos de la mujer y fórmulas machistas. Pero es bastante paradójico que se dedique dinero y tiempo desde los ayuntamientos, centros de formación y otros planes de promoción y prevención frente a la violencia machista, mientras que el sistema judicial tira por tierra toda la labor de quienes promueven y se dejan la piel por esta causa.

La indignación generalizada es totalmente comprensible cuando nos paramos a pensar en el mensaje que arroja el veredicto del tribunal. Especialmente cuando nos jactamos de decir que estamos en un “estado de derecho”, y de repente son los propios jueces junto con la ambivalencia del código penal vigente, quienes vapulean uno de los derechos fundamentales de la mujer.
Tocaría hacerse la primera pregunta: ¿Es un sistema judicial machista y anticuado capaz de defender y velar por los derechos de una ciudadanía que clama lo contrario?

Por otro lado, está la distinta lectura que se hace de las imágenes y los hechos descritos en la sentencia.  Interpretaciones ofensivas hacia la víctima que distan mucho de la “neutralidad” que quien ejerce la ley tendría que mantener ante todo.  Es más, Ricardo González cuestionando el testimonio de quien ha sido ultrajada y juzgada previamente, mientras pone en tela de juicio la vivencia de la denunciante, mientras tergiversa su relato, indicando que él evidencia disfrute y gozo donde la chica está expuesta a una violación.
Y eso que se supone que la presunción de inocencia consiste en tener que demostrar quienes son los culpables no la inocencia.  Segunda pregunta: ¿5 hombres alrededor a una mujer mucho menor de edad y tamaño, en un cuartucho, ella bajo los efectos del alcohol y acorralada, a la que además graban en video y posteriormente difunden en redes sociales no es suficiente violencia?

Tercera: ¿Once penetraciones y un estado de shock emocional no les vale como intimidación?

Y lo pero de todo, y lo que más nos entristece por la parte que nos toca, es que este tribunal ha obviado por completo la violencia psicológica de los hechos, así como la tremenda afectación de una vivencia totalmente traumática que dejará secuelas de por vida a la interfecta.

Desde PsicoSabadell, y como centro especializado en la intervención psicológica de trauma simple y complejo, consideramos una completa aberración la indiferencia con la que se describe la vivencia de la víctima en el auto. Etiquetando de “estupor” y “pasividad” una conducta que refleja perfectamente el estado de conmoción de la víctima.
Cuarta pregunta: ¿No hay especialistas periciales del ámbito de la salud mental que puedan explicarles a estos “jueces” los mecanismos de defensa de los que hace uso nuestro organismo cuando se está sometido a una situación traumática, o en la que ve peligrar su propia integridad?

Dejamos en el aire estas preguntas para la reflexión de quienes lean el post, pero también aprovechamos para trasladar todo nuestro apoyo a la víctima y a todas las mujeres que se hayan visto en una tesitura parecida. Para que jamás se silencie su voz, y que con su palabra y la de tod@s logremos que las cosas cambien.

Que cambien las actitudes machistas por el respeto y la igualdad, que cambien a los jueces retrógrados, que cambie el código penal, que cambie la educación; porque lo que no cambia ni cambiará jamás, es nuestra unión y lucha por nuestros derechos.

Porque desde el principio te hemos creído. No estás sola.

 

#yositecreo #NoesNo #lamanada #lamanadasomosnosotras #noesabusoesviolacion


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Terapia EMDR y trauma infantil

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La palabra “trauma” puede desembocar en nosotros la imagen de un suceso terrible que pone en riesgo nuestras vidas como puede ser un accidente o un ataque terrorista. Ciertamente se tratan de situaciones en las que la persona queda paralizada al verse envuelta en una situación que supera los recursos para afrontarla y que pone en peligro la integridad vital. También hay situaciones cotidianas o más repetitivas que pueden generar “trauma” como el abuso, el maltrato, un estilo de apego inseguro o evitativo con nuestros progenitores, etc.

Si una situación con estas características puede paralizar a un adulto, imagínense a un niño. Los niños, en su proceso de desarrollo y maduración, pueden sentirse vulnerables e indefensos ante diversas situaciones, más allá de las catástrofes, por lo que siempre van a requerir la contención y ayuda de un adulto. Por este motivo, no es de extrañar que los niños y adolescentes sean más sensibles y vulnerables a las experiencias traumáticas y por ello, es muy importante conocer los desencadenantes y los síntomas de las mismas.

Debido a la inmadurez de los niños, una experiencia traumática puede ser una situación que, a priori, no tenga importancia para un adulto o que se presuponga un impacto leve en el estado emocional.

En consulta no es extraño encontrar la raíz de algunos problemas afectivos o de relación en niños con experiencias “traumáticas” en la primera infancia o más adelante que pasaron desapercibidas. Por ejemplo, una caída, un atragantamiento, un día en la piscina que casi termina en ahogo, la muerte de un familiar cercano, de una mascota o la respuesta que obtenemos de un adulto pueden condicionarnos en nuestro proceso de aprendizaje de nuestra identidad, nuestra manera de relacionarnos con nosotros mismos y con los demás.

Por lo tanto, las características de un suceso que pueda dejar una impronta traumática en los niños y adolescentes son:

– situación que ponga en riesgo la integridad vital de uno mismo.

– situación con alto impacto emocional, los niños especialmente se “impactan” con aquello que ven y oyen.

– situación en la que ve a sus adultos de referencia (padres, tutores) nerviosos u desbocados.

– situación en la que no hayan sido protegidos por un adulto o que no se hayan sentido así.

– situaciones desconocidas que requieran de la contención de un adulto.

– situación en la que no se hayan podido expresar los sentimientos de ansiedad o miedo.

 

En general, cualquier situación que desemboque en el niño sentimientos de miedo, ansiedad y sensación de inseguridad son de especial importancia que los adultos cercanos las detecten y puedan ofrecerles la contención emocional y la seguridad que necesitan, aunque a juicio de un adulto la situación no sea tan grave, para un niño que está aprendiendo cómo funciona su cuerpo, sus sentimientos y el mundo que le rodea, necesita sentirse seguro para afrontar situaciones problemáticas futuras.

Qué manifiestan los niños y adolecentes ante situaciones traumáticas no resueltas:

Primera infancia:

La falta de lenguaje verbal complica que los niños nos expresen con palabras lo que les sucede, por lo que hay que estar muy pendientes de cambios en sus rutinas de comida y sueño.

– mayor irritabilidad.

– dificultad para calmarlos.

– necesidad de estar apegado al adulto.

– dificultades para comer o dormir

Preescolar:

Igual que en la primera etapa,  hay que estar muy pendientes de cambios en sus rutinas de comida y sueño. En este caso, también hay que estar alerta a cambios en su manera de relacionarse con los padres, los compañeros u otros adultos. El juego y el dibujo nos dan muchas pistas de lo que les preocupa.

– irritabilidad

– mala conducta

– dificultades para comer o para dormir

– manifestación de conductas correspondientes a edades más tempranas.

Edad escolar:

Poco a poco van madurando y van conociendo los antecedentes y consecuencias de los actos del mundo así como de las reacciones de los adultos. A pesar de ello, muchas veces no saben encontrar el origen de su malestar y acostumbran a manifestarlo en mayor irritabilidad, mal humor, mala conducta, miedos y conductas propias de edades más tempranas.

– miedos

– pesadillas

– problemas para dormir

– mojar la cama (enuresis nocturna o diaria)

– mala conducta

– irritabilidad / irascible

– molestias físicas (dolores de barriga, de cabeza, etc)

– en niños más mayores, a partir de los 8-9 años, sentimientos de vergüenza o culpa

– mayor apego a los adultos

– expresión de la situación que les ha impactado a través de los juegos o los dibujos.

Adolescencia:

En esta etapa, el adolescente se despega de los padres para juntarse con su grupo de iguales y descubrir y formar su propia identidad. No es de extrañar que busque mayor apoyo en sus amigos y que, de algún modo, quiera identificar lo que le sucede con los demás. No obstante, pueden aparecer signos de mayor labilidad emocional, en la esfera ansiosa- bajo estado del ánimo o todo lo contrario, desafiante e irritable. Mantener una actitud abierta de escucha y de “no juicio” es fundamental en una etapa en la que, ya de por si, cuesta mantener un buen clima de comunicación.

– expresiones emocionales más intensas de miedo, ansiedad o enfado.

– conductas inapropiadas o temerarias.

– mayor irritabilidad

– mala conducta

– problemas para dormir o comer

– ansiedad o conductas fóbicas

– manifestación de conductas correspondientes a edades más tempranas.

 

Desde PsicoSabadell os queremos presentar la modalidad infanto-juvenil de la terapia psicológica EMDR. Se trata de un abordaje basado en la identificación de recuerdos pasados “no resueltos” para su posterior reprocesamiento e integración en la memoria autobiográfica de la persona. Cuando un suceso que en su momento tuvo un alto impacto emocional, ya fuese puntual o que se diera de manera continua, nos condiciona en nuestra maduración y en la formación del yo. No es extraño que una experiencia impactante no resuelta tenga consecuencias en el futuro en nuestra visión de nosotros mismos y en la relación con los otros.

Esta técnica esta basada en el proceso natural del cerebro de integración de la información obtenida de nuestros sentidos y del entorno que sucede durante la fase de ondas lentas o fase REM del sueño. Dicho abordaje simula un estado similar a este estado mediante la estimulación bilateral ocular o por toques en las manos accediendo al recuerdo por sus canales de entrada (los sentidos) para reprocesar el recuerdo y crear nuevas conexiones asociadas a dicho recuerdo de modo que no generen el malestar manifestado hasta el momento.

EMDR es un abordaje que ha demostrado en numerosos estudios científicos su eficacia con el Trastorno por estrés postraumático. Hay abiertas nuevas líneas de investigación que, en el ambito infanto-juvenil, en el campo de la sintomatología afectiva y conductual en el caso de problemas ansioso-depresivos, conductuales, alimentarios y en problemas de apego.

En PsicoSabadell disponemos de una psicóloga infanto-juvenil con formación especializada en EMDR infantil.

Si creéis que vuestro hijo/a puede beneficiarse de este tipo de intervención, no dudéis en poneros en contacto con nuestro centro para informaros.

Por Jessica Arjona
N.col. 21919

 

Sitios web de interés:

Asociación Española de EMDR: http://emdr-es.org/sobre-emdr/

 

 


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