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Comunicarme con mi hijo/ a dolescente

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La adolescencia es una etapa que comporta cierto distanciamiento de los padres. Los adolescentes necesitan su espacio e intimidad y surgen conflictos internos que pueden dificultar la comunicación con sus padres.

Disfrutar de una buena comunicación en familia es muy importante, ya que, favorece la cohesión familiar y la buena relación entre los miembros, la ayuda mutua y un vinculo familiar sano.

¿Cómo favorecer la y mejorar la comunicación con mis hijos?

Conseguir una comunicación fluida y una relación de confianza con los hijos depende, en gran parte, de la actuación de los padres. Seria recomendable llevar a cabo estas medidas.

  1. Establecer unas rutinas comunicativas mínimas: que saluden cuando llegan a casa, decir buenos días y buenas noches, que avisen cuando salgan de casa, que digan donde van y cuando vuelven a casa, etc.
  2.  Encontrar espacios y oportunidades para conversar
  3. Hacer que tus hijos se sientan escuchados: mostrar interés por lo que explican, por sus intereses y preocupaciones. Dejarles hablar sin interrumpirles, ni darles consejos.
  4. Sentido de humor en las conversaciones
  5. Demostrar a los hijos que pueden expresar sus inquietudes, opiniones y sentimientos sin ser despreciados, juzgados o ridiculizados.
  6. Tomar la iniciativa: haz preguntas a tus hijos o háblale sobre ti y tus cosas.

En general, debemos evitar los hábitos comunicativos negativos como la generalización (tu siempre, tu nunca… no estudias, no haces nada en casa…), las criticas a la persona (eres un gandul), acusar, culpar, avergonzar, amenazar, ridiculizar, presuponer, juzgar o usar el sarcasmo o la ironía.

Si tienes un/a hijo/a adolescente y tienes problemas de comunicación que ha conllevado a un distanciamiento y conflictos familiares, no dudes en contactar con nosotros.

En Psicosabadell contamos un equipo de psicólogos especializados en adolescencia que pueden ayudaros a mejorar la relación familiar.

Raquel Bello
Psicóloga General Sanitaria
Nº Col. 25124


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Se termina el verano

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Se termina el verano y en muchas ocasiones sentimos una alteración en nuestro estado de ánimo.
Algunos de los factores que suelen interferir son:

  • Las despedidas y la separación de seres queridos con los que nos hemos reunido
  • La confrontación con la vuelta a la rutina
  • La asunción de responsabilidades con el nuevo curso
  • La disminución de exposición lumínica (ya que los días vuelven a ser cada vez más cortos)
  • Vuelta a la normalidad de nuestras rutinas alteradas durante el verano (tanto los horarios de comidas, como las horas de sueño)
  • La tendencia anticipatoria de lo que nos espera en el nuevo curso y las presiones y objetivos marcados, que siempre son un foco de presión (impuesta o autoimpuesta)

Cuando aparecen los síntomas secundarios a todos estos cambios o aspectos, y se mantienen durante más de dos semanas es cuando hablamos de depresión postvacacional. En líneas generales consiste en un desánimo general y una afectación con síntomas ansioso-depresivos, ligados especialmente al trabajo y al hecho de pensar en retomar nuestra vida laboral tras las vacaciones.

Las consecuencias de este trastorno no son graves y tampoco suele durar mucho en el tiempo, ya que el organismo termina por adaptarse. Pero en el caso de aquellos pacientes que ya tengan cierta tendencia a la alteración emocional es importante supervisar como afrontan este cambio para que no de lugar a una recaída o derive en una depresión mayor.

Para que esto no suceda os dejamos algunas de las pautas que pueden contribuir a que la vuelta al trabajo sea más liviana:
– Un buen planteamiento del primer día: No magnificar lo que representa el inicio, si no más bien darle un enfoque opuesto. Es decir, centrarnos en los aspectos positivos como por ejemplo volver a ver a los compañeros, pensar en la energía que tenemos ahora en comparación con el previo a las vacaciones, marcarnos nuevos objetivos que nos motiven, buscar nuevos alicientes…
– Tomártelo con calma: se consciente de que a todo el mundo en tu entorno laboral le estará ocurriendo lo mismo, y que por tanto no te debes de presionar por ello si no más bien procurar que la vuelta sea progresiva en cuanto a los niveles de exigencia y también a los objetivos que te marques. Organizarte de una manera minuciosa, darte tiempo y especialmente baja las expectativas iniciales.
-Intenta normalizar: Retomar los hábitos saludables y rutinas que seguramente habían desaparecido durante el periodo vacacional puede ser una gran ayuda. Además de ser fundamental para organizar de nuevo nuestros ritmos circadianos (nuestro reloj biológico), te ayudará a no tener tanto tiempo para pensar en lo que se ha terminado. Logrando mayor focalización en las novedades y aspectos positivos del día a día.

-Mantén el autocuidado personal: si añoras tanto los hábitos de descanso, puede ser que durante el curso estés sometido/a a mucho estrés, y esta afectación puede ser un indicador de ello, ya que tu curso sabe al ritmo frenético al que nuevamente lo vas a volver a someter, por eso buscar momentos de descanso y desconexión (adaptándolos siempre a las obligaciones del día a día) y bajar el nivel de exigencia, puede ayudarte a mejorar en tus hábitos y promover otras fórmulas de funcionamiento más saludables y con ello un mejor estado de ánimo.

 


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Control de esfínteres ¿cuando comenzamos?

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Ahora que se acerca el buen tiempo es el momento ideal para comenzar el control de esfínteres con los más pequeños de la casa. El motivo es bien sencillo: durante este período de aprendizaje es más que probable que al niño se le escape algún pipi o alguna caca y siempre es mejor que las condiciones ambientales sean cálidas para evitar que al mojarse sientan frío. Por lo tanto, las mejores épocas del año para iniciar este proceso son la primavera o el verano.

No obstante, existen otras condiciones que son más importantes y que hay que tener muy en cuenta a la hora de iniciar el control de esfínteres con cualquier niño. Así, aspectos como la edad o el desarrollo cognitivo del niño son básicos a la hora de decidir si se lleva a cabo este proceso o no.

Normalmente al rededor de los 2 años y medio se puede iniciar sin problemas el control de esfínteres, pero como hemos indicado, el momento evolutivo de cada niño será el que marcará el inicio del mismo. Así pues, hay niños que lo comienzan a los 2 años y medio y otros pueden iniciarlo antes o después de esta edad. Por lo tanto no tienes por qué preocuparte si tu hijo está a punto de cumplir los 3 años y aún utiliza pañal.

Por otro lado, es importante diferenciar entre el control diurno y el control nocturno. Mientras que hay niños que logran controlar sus esfínteres diurnos y nocturnos a la vez o casi a la vez, existen niños a los que les cuesta más el nocturno y requieren del uso de pañal por la noche durante un período de tiempo más largo. Pero finalmente consiguen controlarlo.

Cómo saber si el niño está preparado para abandonar los pañales

Es importante tener en cuenta el desarrollo evolutivo del niño, ya que no es muy lógico intentar iniciar el proceso de control de esfínteres si el niño no se expresa fácilmente de manera verbal o si su desarrollo motor no es adecuado, ya que este aprendizaje requiere de una cierta autonomia porque es el propio niño el que se debe dar cuenta de que tiene pipi o caca y debe ser capaz de quitarse y ponerse la ropa solo o con una mínima ayuda. Si esto no es así, no tiene mucho sentido forzar al niño, ya que el control de esfínteres estaría controlado por el adulto y no por el niño.

Si es cierto que al principio del proceso hay que recordarle de vez en cuando al niño que debe ir a hacer pipi o incluso acompañarlo al orinal, pero con mucha delicadeza y siendo acompañantes simplemente. Si el  niño no tiene pipi en ese momento y no quiere ir, mejor dejarlo y no obligarlo a estar sentado en el orinal hasta que salga.

Dicho esto, algunas señales claves que indican que un niño está preparado para abandonar los pañales son:

– El niño es consciente de lo que está pasando cada vez que hace pipi y caca y lo expresa verbalmente.

– Anuncia con antelación que tiene pipi o caca.

– Se siente mayor y quiere ir al baño como papá o mamá.

– Le molesta sentirse mojado o sucio después de haber hecho pipi o caca y pide que le cambien.

– Le molesta el pañal.

– El niño puede vestirse y desvestirse solo o con una mínima ayuda a la hora de ir al baño.

Cómo preparar al niño para el inicio del proceso de control de esfínteres

Primero de todo hay que explicarle que se ha hecho mayor y puede comenzar a ir al baño como hacen los mayores. A los niños les gusta sentirse mayores y ésto los motivará para iniciar el proceso.

También es importante explicarles que se hará sus necesidades encima alguna vez, pero que es completamente normal, que no pasará nada. Sobretodo hay que tener muy en cuenta este punto. No hay que reñir a un niño porque se le haya escapado. Forma parte del aprendizaje y riñéndole lo único que conseguimos es que se frustre y sienta miedo cada vez que tenga necesidad de ir al baño y no pueda controlarlo. Esto, a su vez, ralentiza el aprendizaje y provoca aversión, por lo que cada vez tendrá más dificultades para asumir el control de esfínteres.

Por otro lado, hay que dotarlos de confianza y siempre con una actitud positiva, felicitando cada pequeño logro para que se mantenga la motivación en el pequeño.

Otro aspecto importante a tener en cuenta es la ropa que usará el niño en este proceso. Se le facilitará mucho el trabajo si se opta por pantalos que sean cómodos, tipo chándal. De esta manera para ellos es más fácil acudir al orinal, ya que no dependen de nadie que tenga que bajarles el pantalón porque, por ejemplo, tiene botón y no son capaces de desabrocharlo. Esto muchas veces es motivo de escape y frustra al niño porque se da cuenta de que quiere ir al orinal pero hay algo que se lo impide.

Los cuentos ayudan a que el niño esté relajado mientras espera sentado en el orinal a que ocurra algo. Están distraídos y no sienten la presión, por lo que la tarea es más fácil.

Cuándo puede convertirse en problema

El control de esfínteres puede llegar a convertirse en problema si no se respeta el ritmo evolutivo del niño, si son los padres los que quieren que el niño abandone el pañal pero éste no ha mostrado ningún interés en ello. Ante esta situación, el niño no estará preparado y, como se ha comentado anteriormente, el control lo harán los padres, no el niño que es el protagonista de este aprendizaje y, por tanto, el que de verdad debe hacerlo.

Antes de acabar, recordaros que cada niño es diferente y que el control de esfínteres también es distinto según el niño. Así pues, si estás pensando en iniciar este bonito proceso con tu hijo y no tienes muy claro cómo comenzar, nuestro equipo de especialistas de PsicoSabadell puede proporcionarte herramientas y pautas para llevarlo a cabo con éxito.

 Tania Visiga
Num.Col. 1109

 


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La depresión en adolescentes

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La propia adolescencia, como etapa evolutiva del desarrollo, está expuesta a una serie de cambios tanto físicos como emocionales. Es una etapa de confusión e incertidumbre, en la cual se descubre la propia identidad y se acaba de formar la personalidad, por lo tanto no siempre es fácil para los familiares de un chico o chica adolescente diferenciar los síntomas de la depresión entre las dificultades propias de la adolescencia.

A diferencia de los adultos, que tienen la capacidad de buscar ayuda por su cuenta, los adolescentes esperan que las personas de su alrededor reconozcan su sufrimiento.

El mal humor o rebeldía son normales en la etapa de la adolescencia. Pero los cambios persistentes de personalidad, de estado de ánimo o de comportamiento son señales de alerta de que existe un problema más grave.

Las señales de la depresión no siempre son obvias. Los adolescentes con depresión no necesariamente muestran tristeza sino que pueden manifestar irritabilidad, enfado o agitación. Otro de los elementos claves y que pueden hacernos sospechar, es si el chico o chica se aparta de sus amistades y predomina el aislamiento. Las relaciones interpersonales suelen verse afectadas en la depresión adolescente.

También suelen perder el interés en actividades que antes les resultaban agradables, es decir, dejan de practicar algún deporte, algún hobby…

Se observa un peor rendimiento académico y un desinterés por los estudios. Es frecuente que dejen de asistir a clase y sus notas bajen considerablemente.   Por ello es importante hablar con el/la tutor/a de nuestro/a hijo/a para saber cual ha sido su asistencia al instituto y si ha observado algún cambio en su comportamiento o actitud.

Hay que prestar atención de igual modo, a cualquier cambio en los hábitos alimentarios, es decir, pérdida del apetito o por el contrario hambre en exceso.

El sueño también suele verse alterado, les cuesta conciliar el sueño, suelen despertarse durante la noche o a pesar de haber dormido las horas necesarias sienten fatiga o falta de energía.

En los adolescentes con depresión predomina la falta de entusiasmo y de motivación, no sienten interés por nada ni le encuentran sentido a nada.

Si como padres sospechan que su hijo/a podría estar deprimido, hable con él o ella de sus preocupaciones de una manera cercana. Incluso aunque no esté seguro de que la depresión sea el problema, los comportamientos problemáticos y las emociones que está viendo pueden ser signos de alarma de un problema que debe hablarse. Hablar con el adolescente sobre sus preocupaciones y hacerle saber que está dispuesto a escuchar lo que le ocurre e intentar ayudarle en lo que necesite. El adolescente necesita sentirse apoyado pero hay que evitar que se sientan acorralados o interrogados.

 

Consejos para comunicarse con un adolescente deprimido

Es importante escuchar e intentar no juzgar o criticar a su hijo/a.

  • Si su hijo se cierra y no quiere hablar al principio no se rinda.   Incluso aunque quieran hablar sobre ello, pueden tener dificultades para expresar lo que sienten. Hay que ser respetuoso con los tiempos y no presionar, hasta que su hijo se sienta cómodo para poder explicar como se siente.
  • Reconozca sus emociones y sentimientos. Incluso aunque le parezcan absurdos, es importante empatizar y validar sus emociones. Si le quitamos importancia, se sentirán como si no les tomaran en serio. Lo único que necesitan es sentirse apoyados y comprendidos.

El apoyo por parte de sus familiares puede ser de gran ayuda para los adolescentes deprimidos, pero no siempre es suficiente. Cuando la depresión es grave, es necesario buscar ayuda profesional.

Desde nuestro centro de psicología trabajamos con niños y adolescentes, así como con su familia y otros profesionales implicados. Nos adaptamos a las necesidades de cada paciente, ya que, para nosotros es fundamental una buena relación entre psicólogo y paciente como base de la intervención.

 

Raquel Bello
Nº Col 25124


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