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Terapia de Pareja, cuando considerarla

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En las últimas décadas la terapia de pareja ha experimentado una creciente demanda. No obstante, igual que la Psicología en sí y cualquier atención que se aproxime a la salud mental, carga con mucho estigma. ¿Te has planteado alguna vez recurrir a este tipo de terapia pero finalmente has desestimado la idea?, ¿Te has preguntado por qué? 

Posiblemente tengamos el discurso social de que se va a terapia de pareja como último “cartucho” antes de considerar una separación. En este artículo, pretendemos a aproximarte al recurso de la Terapia de Pareja. Así como aproximarte a la efectividad demostrada en los últimos años en múltiples intervenciones, en demandas que van más allá de pasar por un psicólogo, antes de pedir cita a un abogado. 

La Terapia de Pareja tiene su origen en la Teoría de Sistemas. La Teoría de Sistemas considera las personas en su contexto, no cómo un individuo aislado sino que amplía el foco de mirada a su contexto relacional. En un niño o un adolescente su contexto relacional más significativo es la familia de origen (padres y herman@s). En un adulto con pareja estable, aunque la familia de origen suele tener un gran papel, la pareja acostumbra a ser el gran referente. Eso comporta, que lo que un cónyuge hace influye al otro y viceversa. En Terapia de Pareja se conceptualiza los problemas en un marco de interacción. Por ello no se busca “culpables”, ni señalar a una parte de la pareja como la “problemática”, sino que se busca contextualizar el por qué y el cómo se ha dado el problema/conflicto que rompe el equilibrio de la relación. En general se puede afirmar que existe una amplia evidencia sobre la efectividad de este modelo de terapia no solo como intervención para demandas relacionales (como una separación, infidelidad,etc.), sino también cuando un miembro de la pareja presenta por ejemplo un problema médico, trastorno psicológico o alguna problemática en la esfera sexual

¿En qué consiste la Terapia de Parejas? 

Es un tratamiento psicológico que tiene como objetivo intentar resolver los problemas o los conflictos que pueden surgir en una relación de pareja

La mayoría de parejas atraviesan por diversas crisis a lo largo de su relación. Es muy importante saber detectar los problemas y contar con los recursos necesarios para superarlos. Sin embargo, hay veces que las parejas fácilmente entran en “bucles” dentro de sus problemáticas, conflictos que se enquistan y por mucho que se intenten afrontar, siempre vuelven a salir. Tenemos que ser conscientes cuanto carecemos de recursos o cuando los recursos que disponemos no resultan efectivos. 

Y volvemos a lo que os planteábamos en la introducción: considerar la terapia de pareja como última opción. Nuestro consejo como profesionales es que no esperéis a hablar de divorcio para recurrir a terapia de pareja. En ese momento en que los problemas se encuentren profundamente arraigados y os encontréis al borde de tirar la toalla. Acudid antes a un profesional. Pedid ayuda. 

La Terapia de Pareja requiere implicación y motivación de cambio por las dos partes. Si es cierto que también supone un recurso para mediar en una separación o como acompañamiento a una ruptura “sana”. Pero si lo que buscáis los dos es cambios y mejoras en vuestra relación y  tener mayor satisfacción en la pareja, entonces la terapia requiere de estar dispuesto a afrontar y trabajar en ello. 

La terapia se lleva a cabo por medio de una serie de sesiones psicológicas, que serán más o menos dependiendo de la pareja y del tipo de conflictos por los que atraviesan. En estas sesiones, se ayuda a los pacientes a detectar los problemas y se les proporciona herramientas para que puedan superarlos y aprendan a prevenirlos en un futuro. 

Demandas y problemáticas más frecuentes en Terapia de Pareja

  • Dificultades en la comunicación 
  • Diferencias en torno a la resolución de los conflictos
  • Problemas en las relaciones sexuales
  • Afrontamiento del paso de pareja a padres
  • Desajustes en torno a la convivencia
  • Infidelidad
  • Desacuerdos básicos en la definición de la relación

En conclusión, la terapia de pareja va más allá de un recurso previo al divorcio de un matrimonio, sin ir más lejos, muchas parejas jóvenes por ejemplo también lo requieren en sus inicios. Ayuda a consolidar las bases de una pareja y a ir por buen camino en una relación. La terapia de pareja puede suponer una gran oportunidad para conoceros mejor, darle perspectiva a vuestros problemas y mejorar vuestro bienestar mutuo

Meritxell Puértolas
Terapeuta sexual y de pareja
Nº Col. 25.741



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La importancia del primer vínculo

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Los humanos establecemos vínculos constantemente con las personas que nos rodean. Con nuestra pareja, familiares, amistades, etc. Pero el vínculo más importante que creamos, es el primero de todos. Se le llama apego, y es el vínculo emocional que establecemos en edad temprana con nuestro cuidador primario, es decir con la madre, o la figura de referencia en nuestro cuidado.  

Los bebes nacen con conductas, como el balbuceo, las sonrisas, la necesidad de contacto, el llanto, etc., destinadas a generar respuestas en sus cuidadores para generar así el vínculo. Pero también poseen un comportamiento innato que les lleva a explorar cosas nuevas. Un apego seguro genera en los bebes un sentimiento de aceptación y de protección incondicional de sus cuidadores, proporcionándoles la seguridad emocional necesaria para el buen desarrollo de su personalidad y una base segura para explorar el mundo que les rodea. Por contra, la dificultad de acceso o la inacción de su cuidador, puede generar un estado de ansiedad o temor en los bebes.

El tipo de apego que adquirimos se suele mantener a lo largo de la vida, construyendo un modelo de personalidad propio con creencias y juicios sobre nosotros mismos y los demás que condicionan los vínculos y dinámicas que establecemos en nuestra vida y nuestras relaciones.

 

Tipos de apego

Los autores que han estudiado el apego, definen tres tipos:

  • Apego seguro: es aquel en el que el niño busca la protección y la seguridad del cuidador y recibe cuidado constantemente. El cuidador suele ser afectivo y está disponible constantemente a las necesidades del niño, lo que permite al niño desarrollar un concepto de sí mismo y de confianza positivos.

De mayores, las personas que tuvieron un apego seguro, suelen ser psicológicamente estables y construyen relaciones con los demás que tienden a ser más cálidas, estables y satisfactorias.

 

  • Apego evitativo: es aquel en el que el niño crece al lado de un cuidador inaccesible emocionalmente y que desatiende constantemente sus necesidades. El niño no adquiere el sentimiento de confianza hacía si mismo que le lleve a querer explorar.

De mayores, tienden a ser solitarios, muy racionales, reprimen sus emociones, y evitan cualquier situación que les angustie. También suelen aparecer sentimientos de inseguridad y abandono.

 

  • Apego ambivalente: es aquel en el que el niño recibe una respuesta incoherente del cuidador; quien dispone de pocas habilidades y se muestra contradictorio. En ocasiones es afectuoso, y en otros momentos ignora al niño, o incluso se enfada con él.

De mayores son personas excesivamente autocríticas e inseguras. Son dependientes y se muestran constantemente desconfiadas y con miedo a ser rechazadas, aunque lo camuflen bajo comportamientos controladores.

 

  • Apego desorganizado: es aquel en el que el niño recibe del cuidador respuestas que le generan miedo debido a que se dan situaciones caóticas, incontroladas y violentas. El cuidador muestra una conducta atemorizante hacía el niño, o atemorizada por lo que sucede. El niño percibe una ausencia total de control en su seguridad, protección y estima.

De mayores muestran una personalidad temerosa, evitativa y violenta. Trasladan los sentimientos reprimidos en el pasado al presente, interpretando las cosas como peligros que les hacen reaccionar de forma impulsiva, con tres tipos de conducta: se bloquean, huyen o pelean.

 

Desde nuestro centro de psicología consideramos esencial evaluar todos los aspectos que puedan estar contribuyendo al malestar del paciente, incluyendo sus vínculos más primarios y la forma en que ahora los construye. Por lo que, si identificas aspectos en tu caso de este estilo, no dudes en contactarnos y comenzar a realizar un abordaje integrador que te ayude a detectar y adquirir estrategias para mejorar tus habilidades personales y con los demás.

 

Por:   Marta Farré
Nº Col. 23.251


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Celos patológicos, afrontarlos

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Entendemos por celos a la respuesta emocional que aparece cuando alguien percibe una amenaza sobre algo o alguien a quien considera de su propiedad.

En el ambito que nos ocupa las creencias irracionales van directas a considerar una amenaza de perder una relación interpersonal. Dando lugar a conductas destructivas que limitan, generan malestar y privan de libertad los movimientos de los componentes de la relación. Tanto a nivel conductual como emocional, ese tipo de actitudes tienen un elevado coste para los cónyuges que terminan viéndose afectados emocionalmente por el desgaste que generan este tipo de conductas.

Los tres criterios de selección a la hora del diagnóstico de celos patólogicos no psicóticos (no delirantes):

  • Presencia de pensamientos y rituales obsesivos-compulsivos.
  • Los pensamientos y rituales relacionados con los celos mórbidos deben tener, al menos, como mínimo, un año de duración.
  • Debe excluirse la presencia de alcoholismo, psicosis o trastornos orgánicos-cerebrales.

Las características de los celos son:

  1. Falta de provocación lógica
  2. Extraña naturaleza de las sospechas
  3. Reacción racional y excesiva
  4. Rituales de comprobación
  5. Pérdida de control
  6. Interferencia grave en la vida cotidiana
  7. Alto grado de sufrimiento personal

Factores de personalidad de los celosos:

  • Inseguridad
  • Sentimientos de inferioridad
  • Baja autoestima
  • Altamente dependientes de la pareja
  • Alta angustia y sufrmiento

 

INTERVENCIÓN

Pra poder gestionar de mejor manera este tipo de conductas sin que interfieran en la relación de pareja, es fundamental localizarse en trabajar los aspectos que serán comentados en lineas posteriores.

  • Eliminación de los rituales de control y cualquier conducta de evitación/ escape.
  • Eliminación de la ansiedad ante la pérdida de la relación o engaño.
  • Eliminación de la agresividad.
  • Control de la creencia sobre la infidelidad ( convicción).
  • Reducción significativa de los pensamientos intrusivos referentes a la posible infidelidad ( Parada de pensamiento).
  • Prevención de respuesta.
  • Eliminación de las pesadillas.
  • Obtención de un nuevo modo de vida, especificado en una mejora de las relaciones sexuales, de las habilidades de comunicación, del disfrut del tiempo sin la presencia de la pareja mediante actividades gratificantes, ampliación de las relaciones sociales, en vista todo ello de la prevención de recidivas o recaídas futuros.
  • Técnicas de relajación.
  • Reestructuración cognitiva.
  • Exposición in vivo e imaginación (DS).
  • Explicación de la ira.
  • Reconocimiento de las señales de ira.
  • Detención de la escalada de la ira.
  • Exposición a las situaciones evocadoras.

Si hay alguno de estos aspectos que no sabes o no puedes modular de forma más adecuada, valora la posibilidad de pedir ayuda profesional. Ponerte en manos de un especialista para trabajar estas cuestiones, evitará mucho sufrimiento en el afectado y en su entorno, a la par que evitarás que se destruyan más y más las relaciones que estableces.

Desde nuestro centro de Psicología y Psiquiatría PsicoSabadell, estaremos encantados de surtirte de estrategias y herramientas para una mejor gestión de la confianza dentro de la relación de pareja.


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