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Claves para manejar el mal comportamiento

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Vinculado a lo que explicábamos el mes anterior, una mala conducta puede responder a diversos factores y algunos de ellos están relacionados con el entorno del niño o de la niña. Como decíamos entender qué puede estar produciendo malestar a nuestro hijo/a va a ser determinante para que nuestra respuesta sea adecuada y eficaz.

Normalizando la infancia.

Hemos de tener en mente que durante la infancia se aprende absolutamente todo sobre el mundo que nos rodea. Así pues, los más pequeños se encuentran prácticamente cada día con situaciones nuevas en las que se recomienda al adulto que anticipe lo que verá o hará y, sobretodo, explicarle qué se espera de él o ella.

Por esto y por qué los niños exploran el mundo con ilusión y mucha energía, en muchas ocasiones se mostrarán muy movidos y que requieran especial atención y paciencia por parte de un adulto. Estas características innatas de los más pequeños son habituales y no se han de considerar un mal comportamiento.

Pero… ¿Qué entendemos como “mal comportamiento”?

Un “mal comportamiento” es aquella acción que un niño hace siendo conocedor de las normas y, por lo tanto, de lo que se espera y no de él o de ella.

Algunos consejos desde PsicoSabadell:

  1. Explicar y enseñar lo que debe y no debe hacer: en algunas ocasiones se nos pasa por alto a los adultos enseñar a los pequeños, los cuales cada día se enfrentan a situaciones nuevas, lo que se espera de ellos y lo que no. De igual modo, un ejemplo mostrado por el adulto ayudará al pequeño a entender la nueva situación.
    Modular el ambiente: Disponer de un ambiente rico y estimulante es una manera excelente de propiciar situaciones y experiencias a nuestros pequeños para que vayan aprendiendo y desarrollándose. Como todo en la vida los extremos no son aconsejables por lo que un ambiente excesivamente cargado o estimulado (véase, ruidos, luces, mucha gente) hará que el niño se sienta sobrepasado y que ello le genere cierta ansiedad.
    Por el contrario, un ambiente pobremente estimulado provocará aburrimiento y, junto con la poca paciencia característica de los niños, se mostrará impaciente y movido.
  2. Enseñar conductas apropiadas: para ello, primero el adulto habrá explicado y enseñado lo que se debe hacer o lo que se espera de él o ella y, segundo, se le mostrará una recompensa por haberla llevado a cabo. Dicha recompensa puede ser verbal (un elogio, decir que estamos orgullosos, prestar atención plena al niño), puede ser situacional (ir al parque, al zoo, hacer alguna actividad que le guste) o material (un juguete), aunque aconsejamos no abusar de estas.
  3. Eliminar conductas inapropiadas: como hemos dicho antes, una vez el niño o la niña sepa lo que no se debe hacer o lo que no se espera de él o ella, ignoraremos las conductas no apropiadas y sólo prestaremos atención a la que nos interesan. Esto requiere de muchísima paciencia y constancia para que surjan efecto.
  4. Actitud calmada: aunque sabemos que cuesta horrores en esos momentos de estrés, mantenerse firmes y con actitud lo más calmada posible reforzará nuestra actitud y contendrá las emociones de nuestros hijos.

 

Desde PsicoSabadell como centro de psicología, y especialistas en el área infanto-juvenil ofrecemos orientación y apoyo de nuestras profesionales en ésta y otras dificultades durante el desarrollo de vuestros hijos.

Por:   Jessica Arjona
Núm. Col.21919


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