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La importancia de no regalar en exceso a los niños

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Estamos en unas fechas en las que si algo abunda estos días son los regalos para todos los miembros de la familia. Regalos de Papá Noel. Regalos de Caga-Tió. Regalos de Reyes. Todo el mundo regala a sus seres queridos, pero, sobre todo, los más regalados son los niños. Y al final la Navidad se convierte en un exceso de compras y de regalos. Y, en consecuencia, nos encontramos con una población infantil sobre regalada en muchos casos.

Los adultos tenemos la intención de satisfacer los deseos de los más pequeños porque los queremos y queremos verlos felices disfrutando de aquello que han pedido en la carta de los Reyes Magos o de Papá Noel.

Pero siendo realistas, no todo se puede tener en la vida y por eso es importante que los niños aprendan desde temprana edad estas pequeñas lecciones. Así aprender a frustrase les va a servir para superar otras crisis que irán sucediendo con el paso de los años.

Llegados a este punto, es importante hacer una reflexión: ¿son necesarios todos los juguetes que compramos a los niños para su desarrollo y/o para ocupar su tiempo libre? Al responder esta pregunta nos daremos cuenta de que no siempre son imprescindibles todos los artículos de la carta de los Reyes. Por lo tanto, se debe hacer una selección de aquellos que sean más asequibles para la economía familiar y que a la vez puedan aportar más ventajas educativas para el niño. Todo juguete, para ser un buen juguete, debería cumplir una función educativa, la que la familia escoja teniendo en cuenta al niño, ya que cada caso es diferente.

Por otro lado, todas las propuestas lúdicas que se le proporcione al niño donde éstos tengan que desarrollar su imaginación y creatividad serán una buena opción para regalar, ya que actualmente en el mercado encontramos todo tipo de juguetes de gran precisión y con todo lujo de detalles que no siempre son necesarios. Por ejemplo, los niños pueden jugar mucho más con una simple caja que con un castillo de plástico porque la primera opción le da mucha más libertad para crear juego (al tratarse de un material simple), lo que a su vez le ayudará en su desarrollo cognitivo.

Así pues, otra de las reflexiones que se deberían hacer antes de regalar a un niño consiste en preguntarse si aquel juguete cumple con las características necesarias para dejarle dar rienda suelta su imaginación y su capacidad creativa.

Por último, hay que recordar que el niño debe ser feliz consigo mismo, con sus logros, con su capacidad de no tener que depender de un adulto siempre y por tanto sentirse autónomo… En definitiva, el niño debe sentirse feliz con lo que hace y con lo que consigue por sí mismo. Y para ello el juego, con juguetes adecuados, es imprescindible.


Tania Visiga
Num.Col. 1109


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Conciencia y aceptación

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SI NO PUEDES CAMBIAR TU VIDA, CÁMBIATE A TI MISM@

Cada uno de nosotros puede identificar fácilmente momentos que han marcado de pleno nuestra vida. Experiencias que se unen a nuestro ser como cicatrices. Cicatrices que modulan nuestra forma de ser. A menudo estas cicatrices se ven como heridas, que nos hacen más débiles y que marcaran negativamente nuestra actitud hacía futuro.

Todos hemos vivido nuestra particular y única historia, la cual da significado a nuestra forma de ser, pero hay que vigilar con la tonalidad que toma nuestra concepción de lo vivido, porque nuestra versión de la historia podría estar sesgada.

ACEPTACIÓN

¿Quién no ha deseado alguna vez que la realidad fuera otra diferente a la que está viviendo? Luchar contra algo que no podemos cambiar supondrá un desgaste innecesario y generará en nosotros sentimientos negativos, como frustración o desmotivación. Aceptar lo que no podemos cambiar es imprescindible para seguir adelante y transformar nuestra vida de ahora en adelante. Deja de centrar tu atención en el problema, y pasa a la acción buscando como resolver tus problemas.

CONSCIENCIA Y REALIDAD

La consciencia es la capacidad humana para interactuar e interpretar los estímulos externos que conforman lo que conocemos como realidad. Dicha interpretación viene determinada por la percepción de nuestro entorno a través de los sentidos y de las experiencias previas vividas alojadas en nuestra memoria. Aunque parece un proceso inalterable, determinadas situaciones traumáticas y las creencias asociadas a estos eventos, pueden modular nuestra vivencia de la realidad.

Ser consciente, implica tener la habilidad de saber exactamente qué pensamientos, emociones y conducta nos genera una situación. Se trata de ser sincer@ con uno mism@ y con nuestra situación actual, mientras comprendemos al entorno que nos rodea, y las personas en él.

Para conseguir trabajar tu aceptación y consciencia te recomendamos:

  • Relájate: nuestro cuerpo es una máquina, que debemos cuidar y dejar reposar. Si nuestro día a día se convierte en un espiral de hiperactividad, puede afectar a nuestro estado de ánimo y sesgar nuestra interpretación de la realidad.
    Instaura en tu rutina, 10 minutos de relajación diarios. Concéntrate en tu respiración, en las sensaciones de tu cuerpo, o imagina un lugar paradisíaco. Nota como tu cuerpo se relaja y eres consciente de las sensaciones y de tu entorno.
  • Empatiza: busca entender la posición que adoptan los demás. A menudo, nos cerramos en banda con nuestras opiniones, pero si nos abrimos a escuchar las opiniones de los demás, nos sorprenderá la capacidad que tenemos de ampliar nuestro punto de vista y nuestro conocimiento sobre el mundo que nos rodea.
  • Obsérvate y cuestiónate: hasta que no nos demos cuenta de nuestros fallos, seremos incapaces de cambiarlos, así que el primer paso es observarnos. Detecta aquellas actitudes propias que te generen malestar. Una vez las hayas detectado es cuestión de observarlas cada vez que se presenten y empezar a cuestionar si nuestras reacciones (recuerda, pensamiento, emoción y conducta) se corresponden, en intensidad y sentimiento, a la situación vivida. Pregúntate si la reacción que has tenido tú la tendría alguien cercano a ti, si crees que no… no estas siendo objetivo.

Desde nuestro centro de Psicología y Psiquiatría PsicoSabadell, estaremos encantados de ayudaros a identificar aquellas situaciones que os generen malestar, y brindaros estrategias y herramientas para una mejor gestión de vuestra consciencia y aceptación.

 

Por:   Marta Farré
Nº Col. 23.251


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Claves para manejar la frustración en los niños

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Una característica de los niños pequeños es que son “egocéntricos”, esto se refiere a la creencia del niño a considerarse el centro del mundo y no tener en consideración las necesidades de los demás. Esto es una fase en su proceso de evolución y desarrollo de las emociones. Sin embargo, a partir de los 6 años es cuando los niños empiezan poco a poco a tener en cuenta los deseos de los demás, las emociones que puedan tener y a entender puntos de vista ajenos (esto sucede a partir de la pre-adolescencia, 10-12 años).

Sin embargo, hay niños y niñas que manifiestan un grado de “egocentrismo” mayor o más acentuado de lo esperable para su momento evolutivo.

¿A qué hacemos referencia?

Nos referimos a aquellos niños que tienen dificultades mayores para manejar sus emociones, con menor tolerancia a las normas o a los límites, que buscan la satisfacción inmediata y, aunque es una reacción habitual, si no se les proporciona generan estallidos de rabia y enfado más desproporcionados de lo esperado según la situación.

Estas son algunas de las características de los niños y niñas con baja tolerancia a la frustración. Aunque, cabe decir, que no es una característica única en los niños sino que también podemos encontrarla frecuentemente en los adultos.

¿Qué podemos hacer?

Por suerte siempre podemos entrenar a los niños para que toleren mejor las frustraciones y los planes fallidos. Sin embargo, es importante tener en cuenta que cuanto mayor sea el niño, y no cabe decir si está en plena adolescencia, la dificultad aumenta.

Desde PsicoSabadell os sugerimos las siguientes pautas:

  • Evitar resolver los problemas a nuestros hijos de manera sistemática.
  • Permitir que se equivoquen.
  • Cuando manifiesten algún sentimiento negativo, como rabia, enfado o tristeza, acompañarles pacientemente. Una vez se hayan calmado, ayudarles a entender qué ha pasado y poner nombre a lo que les pasa.
  • En ningún caso ceder a los chantajes o enfados de los niños, de este modo aprender que si muestran rabietas conseguirán lo que desean.
  • Mostrarles cómo hacer las cosas, darles ejemplo.
  • Enseñarles el valor del esfuerzo para conseguir sus objetivos.
  • Si ha habido algún fallo, ayudarles a entender por qué ha fallado y cómo pueden evitar hacerlo en el futuro.

Si estas pautas terapéuticas no fueran suficientes nuestro equipo multidisciplinar estará encantado de iniciar un trabajo conjunto con el niño y la familia con el fin de facilitar más fórmulas y estrategias de gestión emocional.

Por: Jessica Arjona
Nº.col. 21919


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Sobreprotección y autonomía

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Cuando una persona se convierte en madre y/o padre lo único que desea es  proteger y ofrecer el máximo bienestar a sus hijos.

Siguiendo el hilo conductor de posts anteriores, adoptar posiciones extremistas pueden conllevar consecuencias a medio / largo plazo no deseables.

Hoy nos referimos a los estilos educativos sobreprotectores.

¿Qué significa ser un padre o una madre sobreprotectora?

Lejos del hecho de que algunas veces lo hayamos escuchado o incluso nos lo hayan dicho, un estilo educativo sobreprotector implica el gran esfuerzo de los progenitores para evitar a toda costa el sufrimiento o las malas experiencias a los hijos, solucionarles cada problema o bache que se puedan encontrar y mostrar una actitud constante de alerta ante el entorno. En resumen, se puede decir que es la predisposición de los padres por mostrar excesiva atención y cuidado.

También es habitual que los padres con este estilo educativo sean propensos a poner pocas normas y límites poco claros a sus hijos, siendo, por tanto, bastante permisivos y haciendo de sus hijos los “reyes de la casa”.

De este modo y sin ser conscientes estamos transmitiendo una serie de mensajes poco apropiados para la autonomía de nuestros hijos, tales como: “el mundo es peligroso, siempre ves con cuidado, en ningún momento de tu vida tienes que pasarlo mal o no tienes herramientas suficientes para solucionar tú solo o sola los problemas”. Así mismo, los padres que empleen este estilo educativo ofrecen mucho amor y afectividad a sus hijos.

¿Cómo son los niños criados de este modo?

Suelen ser niños y niñas muy dependientes de los adultos, temerosos, poco espontáneos o curiosos a la hora de probar cosas nuevas. Por lo tanto, para hacer las cosas necesitan siempre la aprobación de un adulto para asegurarles que lo están haciendo bien, por lo que es también probable que tengan poca autonomía. Si fracasan, suelen tolerar muy mal los fallos o que no se cumpla lo que ellos esperaban. Todo ello, puede acompañarse de baja autoestima al verse poco eficientes para hacer las cosas o para decir lo que piensan.

Desde PsicoSabadell os ofrecemos algunos consejos:

  • Mostrar cariño y apoyo incondicional no implica necesariamente que seas un “mal padre” por permitir que de vez en cuando se caiga. Las “caídas” son también una manera de aprender.
  • Todos los niños necesitan unas pautas y unas guías para aprender lo que se espera de ellos y lo que no. El mundo se rige por normas y los niños tienen que aprender hasta dónde pueden llegar en cada lugar.
  • Aunque es duro, hacerse mayor significa no conseguir a veces lo que uno quiere y hay que aprender a aceptar que no siempre se gana. No por ello, hay que resignarse y dejarse llevar por la corriente de los demás.
  • Los niños, especialmente los pequeños, pueden enfadarse con nosotros por no permitirles hacer lo que quieran. Algunas veces nos dirán frases como “ya no te quiero” o similares. No hay que tomárselo enserio, estas ayudándole a estar preparado para el mundo.
  • Siempre podéis ofrecer vuestra ayuda o apoyo pero nunca se debería hacer las cosas en lugar del niño. Por ejemplo, si no se ha apuntado los deberes en la agenda, que sea él o ella la que busque la manera de saber que deberes tiene o que aprenda de las consecuencias de no haberlos hecho. Seguro que de esa manera ya no cometerá el mismo error.

    Por: Jessica Arjona
    Nº col. 21919


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