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Educación sexoafectiva : La gran materia pendiente

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La sexualidad continua siendo un tabú, por muchos avances que hayamos hecho al respecto. Sigue habiendo mucho desconocimiento, así como un gran listado de mitos y creencias arraigados en torno al campo de la sexualidad y las relaciones. Hablar de sexo, escuchar nuestro cuerpo, comunicar, hablar de emociones… No es una materia en la que saquemos buenas notas, ni pequeños ni grandes. 

Los y las adolescentes de hoy en día tienen acceso a información y contenido explícito de forma ilimitada. Por lo que nos muestran las canciones de reggaeton, el trap, sus cuentas de instagram… Podríamos interpretar que los y las jóvenes de hoy en día nos dan mil vueltas a las generaciones anteriores, que saben mucho más sobre sexo, que lo saben “todo”. Pero, apartando la fachada nos damos cuenta que la realidad es muy diferente a lo que nos muestran. 

Cierto es que vivimos un cambio de paradigma, con muchos cambios sociales. Los y las jóvenes abren mentes y se cuestionan cada vez más. Internet promueve el “ver mundo” de la mano de múltiples referentes: instagramers, youtubers… Y no podemos olvidarnos de “el gran agente educativo” (con marcado entrecomillado): la pornografía. Según diferentes estudios, nos encontramos que la edad de consumo de pornografía actual se situa en 8 años (no nos olvidemos, que con un anuncio, accedemos a contenido pornográfico en un solo click). La era digital está ligada a conductas como el sexting (mensajearse con contenido erótico), mostrarse contiuamente a través de selfies,etc.  Jóvenes que pierden el concepto de intimidad, que comparten contenido sexual sin tener herramientas para gestionar su propio cuerpo y sus emociones

Las nuevas generaciones buscan respuesta en internet, y eso, no debe sorprendernos. Lo verdaderamente alarmante es que esto se de sin una educación sexual de base que contrarrestre con aquella información y aquellos aprendizajes “sin filtro”. Encontrar un entorno seguro para hablar y mostrarse en el instituto, libre de juicios y burlas es complicado. Y mucho más complicado puede resultar que se hable en clase de otras formas de vivir el género y la sexualidad fuera de lo normativo.

La adolescencia es una etapa que siempre vemos como conflictiva. Pero no olvidemos que es una etapa clave, donde crecemos, formamos nuestra identidad, nuestra persona. Es una etapa donde vivimos muchos cambios a nivel físico, a nivel psicológico, las relaciones con los demás cada vez ganan más peso. Es importante como familia estar ahí y darles la mano en este proceso. Darles la mano pero de una forma diferente a años atrás. Esta vez, ofrecerles nuestra ayuda pero también la libertad y el respeto de dejarles crecer

Desde PsicoSabadell ofrecemos procesos terapéuticos enfocados a acompañar a los y las más jóvenes en temas de sexualidad y relaciones. Con tal de ofrecer un espacio seguro para resolver sus dudas, inquietudes y problemáticas sobre sexualidad, relaciones de pareja y otros vínculos afectivos, relación con el propio cuerpo, identidad y orientación sexual y de género… Así como ofrecemos asesoramiento a padres, madres y familias. 

La educación y los aprendizajes en torno a las relaciones sexuales y afectivas de hoy, marcarán las vivencias que tenga hoy y mañana.

Meritxell Puértolas
Nº Col. 25.741
Terapeuta sexual y de pareja


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La intervención multidisciplinar, es el éxito

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Cuando nos enfrentamos a los distintos trastornos psicopatológicos, especialmente en niños, nos encontramos con un aspecto crucial a tener en cuenta: el niño/a  está en continuo desarrollo y cuando se produce un desfase en alguna de estas áreas, eso suele afectar al resto interfiriendo en el proceso madurativo.

Es por eso que desde nuestra óptica, es fundamental realizar un trabajo coordinado y conjunto con especialistas de diferentes áreas, ya que nos permitirá la pronta detección de las problemáticas que vayan surgiendo. Habitualmente los primeros que pueden detectar alguna anomalía son la familia siempre asesorados de los pediatras y / neuropediatras, especialistas en detección temprana. Conjuntamente pueden dar la voz de alarma cuando identifiquen algún retraso en el desarrollo o cambio significativo en el niño, que nos alerte de que algo no avanza de la forma que esperábamos. Es importante en esta fase inicial no ser alarmista, es decir, hay que supervisar y se puede realizar una consulta puntual para valorar que puede estar sucediendo, pero siempre respetando el proceso madurativo de cada niño/a. De la misma forma que no hay dos personas idénticas, tampoco todo el mundo madura al mismo ritmo. Una correcta estimulación y saber cubrir las necesidades fisiológicas y emocionales del pequeño será la clave del avance.

En aquellos casos que se haya detectado alguna problemática específica, la coordinación con los especialistas del CDIAP nos permitirá trabajar de forma conjunta en las áreas que estén más afectadas. Para ello nuestro equipo dispone de dos Psicólogas Generales Sanitarias especializadas en la evaluación, el diagnóstico, y el tratamiento de los distintos trastornos psicopatológicos de la infancia y adolescencia.   Una Médico Psiquiatra con especialidad en infanto- juvenil y adultos, para los casos en los que debido a alteraciones en la conducta  sea necesario iniciar o supervisar una pauta farmacológica. Así como una Psicopedagoga y una Logopeda expertas en los trastornos del aprendizaje, del habla y de la voz, que trabajarán de manera coordinada con los demás especialistas y la escuela y el EAP, hasta lograr la adquisición del lenguaje o superar la interferencia escolar que se esté dando.

El trabajo multidisciplinar que realizamos en PsicoSabadell, nos permite cubrir las necesidades a nivel familiar, como escolar, realizando un trabajo conjunto con padres y con la escuela (a través de pautas y estrategias, creando una adaptación curricular, e incluso acompañamiento en el aula en los casos que necesarios).




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La obsesión y su necesidad constante de seguridad

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Los parientes de aquellos enfermos fóbicos que constantemente y durante mucho tiempo se han visto sometidos a demandas de seguridad pueden ser de gran ayuda en el tratamiento. Cuando los pacientes piden seguridad esperan recibir respuesta de que no están enfermos, contaminados o algo parecido. Con estas respuestas la ansiedad del paciente se reduce durante un corto tiempo, pero con ello no impide que poco después vuelva a surgir con mayor fuerza. En realidad, las enfermedades que los fóbicos temen son aquéllas que todos hemos temido alguna vez puesto que podrían llevarnos a la muerte. Sin embargo, el fóbico evita esta idea todo lo que puede, en lugar de enfrentarse con ella de manera realista. Esta evitación conduce al principio del tratamiento, es decir, a retirar cualquier tipo de seguridad de tal forma que la idea de la enfermedad sostenida por el fóbico no desaparezca inmediatamente, sino que aprenda a tolerarla, igual que hacemos la mayoría de nosotros. De alguna manera las peticiones constantes de seguridad por parte de estos pacientes recuerdan la de los alcohólicos que se levantan por la mañana con temblores. Estos pacientes descubren que una copa a aquella hora les mejora durante un rato, lo que ocurre es que poco después vuelve a temblar, vuelve a necesitar más alcohol, estableciéndose así un círculo vicioso. Sólo el rechazo del alcohol va a ayudar a superar esa adicción. De manera semejante, la adicción a la seguridad puede desaparecer si de una manera constante suspendemos cualquier tipo de tranquilización.

Cuando un fóbico a las enfermedades tiene el hábito de preguntarle a su mujer: “¿Estoy pálido, parezco enfermo?”, debe enseñársele a la esposa a dejar de responder: “No, parece que estás muy bien”, sino que diga: “Las instrucciones que me han dado en la clínica me impiden responder a este tipo de preguntas”. Se puede ensayar esta escena diversas veces: el fóbico le pide seguridad a su mujer, y ésta responde que no puede hacerlo. Esta maniobra se repite hasta que la pareja sabe exactamente lo que ha de hacer. Esta transacción tan simple puede ser sorprendentemente difícil de aprender y la pareja puede tener que ensayar la escena hasta diez veces delante de la doctora durante la consulta antes de que la haya aprendido del todo.

El principio de suspender la seguridad o la tranquilización es a menudo más fácil de enunciar que de llevar a cabo en la práctica. Después de todo, los parientes han estado entrenados durante años a responder: “Estás muy bien, querido”. Sin embargo, el ensayo repetido es capaz, por lo general, de ayudarles a cambiar el curso de las cosas. Incluso el médico del paciente puede necesitar una cierta ayuda para aprender a no practicar más exámenes ni análisis si considera que son innecesarios. La seguridad y la tranquilización deben ser suspendidas porque el fóbico a las enfermedades debe llegar a ser capaz de tolerar la inquietud de no estar seguro de si está enfermo o no. En alguna ocasión todos nosotros podemos preguntarnos si una mancha o un grano de nuestra mano puede llegar a ser canceroso, pero por lo general somos capaces de apartar la idea de nuestra mente. Un fóbico a las enfermedades necesita desarrollar esta misma facilidad, pero no será capaz de hacerlo hasta que se interrumpa la tranquilización. A principio del tratamiento, cuando se retira la tranquilización, las preocupaciones hipocondríacas del fóbico pueden incluso aumentar durante algunas horas o días; sin embargo, si la esposa interpreta de manera razonable su papel y no cede, las preocupaciones disminuirán gradualmente. Por lo general, las parejas necesitan estar en contacto regular con el terapeuta para recibir ayuda, puesto que va contra nuestros instintos naturales retirar el consuelo a nuestros seres queridos aunque esto sea para su propio interés a largo plazo.

No solamente los fóbicos, sino también algunos pacientes compulsivos, piden repetidamente seguridad a sus familiares de manera ritualista, por ejemplo: “Querida, ¿toqué el polvo de la pared? ¿Estás completamente segura que no puse veneno en la comida?. Por lo general, el sufrido familiar ha sido entrenado a responder repetidamente con frases tranquilizadoras del tipo de “No, no has tocado el polvo” o “Sí, estoy segura de que no has puesto veneno en la comida”.

Igual que ocurre con el tratamiento de las fobias a las enfermedades, la seguridad y tranquilización sólo disminuyen la ansiedad del paciente durante un periodo de tiempo relativamente corto y en cambio le impiden aprender a tolerar el disconfort producido por la incertidumbre sobre la enfermedad, el polvo o cualquier otra cosa. El paciente adquirirá rápidamente la tolerancia necesaria y cesará de pedir ayuda, sino se le refuerza cada vez. Así pues, en el tratamiento los familiares han de aprender a no tranquilizar, con lo cual se conseguirá que las preguntas dejen de ser reforzadas por la reducción temporal y repetida de la ansiedad producida por las respuestas.

En base a esto, desde nuestro centro de Psicología PsicoSabadell, trabajamos de maneja conjunta con el paciente, familiares y entorno para ayudarles a ejercer el rol de co-terapeutas que en el día a día van a tener que lidiar. Dotando de estrategias y herramientas y especialmente trabajando en equipo es como resolvemos el problema y logramos realizar una intervención holística y por tanto eficaz.


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