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Cuando las Navidades no son tan felices

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Se acercan estas fechas señaladas y en muchas personas comienzan a desatarse sensaciones encontradas. Y es que, a pesar de los buenos deseos y propósitos que siempre manifestamos al llegar la Navidad, hay mucha gente que sufre cuando se acerca este periodo, puesto que le toca confrontarse con las dificultades familiares de  su entorno.  A veces son las ausencias de seres queridos, otras veces los problemas familiares y conflictos no resueltos, con los que toca confrontarse. Estas situaciones, unidas a la presión social que ejercen los medios de comunicación que constantemente nos venden familias perfectas y unidas donde todos muestran una felicidad desmesurada, hacen que se despierten sentimientos de tristeza y ansiedad al comprar esa imagen idílica con nuestros entornos más reales.

Lo mismo ocurre con los sentimientos de soledad, en aquellos que por cuestiones personales / laborales  en ocasiones no tienen con quien pasar los días más señalados, alimentando creencias irracionales de desvalorización y de cuestionamiento sobre uno mismo.

No debemos olvidar que estas fechas tienen un valor positivo por lo familiares y en muchas ocasiones sirven de pretexto para reunirse con gente con la que habitualmente no es tan fácil, pero tampoco se puede caer en el error de magnificar y sobredimensionar su significado, especialmente si termina convirtiéndose en algo dañino para nosotros.

Los consejos para afrontar esta situación lo mejor posible si te has sentido identificado/a con las lineas anteriores son:

1- Ten presente que la publicidad y el marketing realizan una labor intensa para mostrar un modelo idílico de familia que no siempre es real. Y siempre con la función consumista que subyace en estas fiestas.  El mensaje que reluce sutilmente tras esto es el siguiente: «Regala felicidad» / » Compra la felicidad»

2- La familia no solo son aquellas personas con las que compartes factores genéticos y grupo sanguíneo, también son todas esas personas que tu has elegido para acompañarte en tu vida y especialmente en el día a día, amigos, compañeros del trabajo, de tu lugar de estudio o con los que compartes aficiones… Puedes aprovechar la mayor disponibilidad horaria para quedar y encontrarte con esa gente que te hace sentir bien. Que al final es lo verdaderamente importante.

3 – Aprovecha los días festivos para realizar actividades que sean gratificantes, descansa, y cuídate y recarga las pilas para empezar el nuevo año con ganas e ilusión.

4- No magnifiques las fechas, al final los días señalados tienen un origen histórico y cultural, pero no se termina el mundo, y no dejan de ser un día más en el calendario como cualquier otro, por lo que no tener un plan específico tampoco tiene que afectarnos tanto.

5- Si te reúnes con personas o en grupo, intenta no polemizar y no entrar en debates que puedan generar conflictos. En ocasiones temas candentes y de actualidad pueden ser un detonante de discusiones y enfados. Optimiza los momentos de reunión y asueto, y no dejes que visiones contrarias los eclipsen. Intenta ir a pasar un buen rato.

6- Las Navidades no resuelven conflictos de familia, si anteriormente había tensiones entre vosotros, no creas que por estar en estas fechas esto se va a esfumar. Los problemas en las dinámicas familiares se tienen que trabajar en terapia y de manera conjunta.

7- Pon límites. En ocasiones es tan importante saber poner distancia como acercarse, porque a pesar de la imagen que los medios arrojan, no todas las relaciones familiares son sanas, y la toxicidad en este ámbito genera importantes problemáticas psicológicas y emocionales.

8- Los regalos son accesorios. No centres las relaciones o las muestras de cariño en los bienes materiales. Esta es la fórmula consumista que quieren imponernos y al final no deja de ser una forma de llenar el vacío o las carencias emocionales con aspectos materiales.

9- Comunícate de forma asertiva. Si algo no te gusta, tienes que poder expresarlo, recuerda hacerlo siempre de una manera adaptativa que ayude a la resolución de esa problemática, pero no olvides defender tus valores y creencias, haciendo un uso adecuado del lenguaje, desde el respeto y la educación.

10- Aprende a estar bien contigo mismo/a, este es el punto más importante. El bienestar con uno mismo es la esencia. No se puede caer en el error de pensar que la felicidad procede de factores externos, porque en realidad procede de como nos enfrentamos y con que actitud afrontamos dichos acontecimientos.

 





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La fobia social

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Concepto y características 

Definición de la fobia social
1.“TEMOR acusado y persistente a una o más situaciones sociales o de actuación en público en las que la persona se ve expuesta a gente desconocida (o que no pertenecen al ámbito familiar) o al posible escrutinio/evaluación por parte de los demás, y en las que el sujeto teme actuar de alguna manera que pueda ser humillante o embarazosa (o mostrar síntomas de ansiedad)”.Así pues, TEMOR A LA EVALUACIÓN NEGATIVA: temor a situaciones en las que el sujeto tiene que hacer algo mientras sabe que los demás le estarán observando y, en cierta medida, evaluando su conducta. La característica distintiva, pues, es un temor al escrutinio por parte de los demás, y temen que ese escrutinio sea embarazoso, humillante, … les haga parecer como tontos, o sean evaluados negativamente. 

 2.“La persona reconoce que ese temor es excesivo o irracional (poco razonable)”.

3. “La exposición a la/s situación/es social/es temida/s provoca en el individuo una respuesta inmediata de ANSIEDAD de modo casi invariable”.

 4.“Las situaciones sociales o de actuación en público se EVITAN o se soportan con una ansiedad o malestar intensos”.

 5.“Los síntomas del trastorno (comportamientos de evitación, anticipación ansiosa, o el malestar que aparece en las situaciones temidas) INTERFIEREN de manera importante con el funcionamiento del individuo en una o más áreas (rutina habitual, relaciones laborales o académicas, relaciones sociales…), y/o se da un NOTABLE MALESTAR por el hecho de padecer la fobia (es decir, los síntomas producen un malestar clínicamente significativo)”.

Caraterísticas:

I.- Aspectos cognitivos más frecuentes:

  • Sobreestimación aspectos negativos de su conducta (magnificación debilidades personales)
  • Atención selectiva a las debilidades y errores
  • Minimización ventajas/aptitudes personales, descartar valor de los éxitos pasados, …
  • Excesiva conciencia de sí mismo
  • Temor a la evaluación negativa
  • Hipersensibilidad a la crítica
  • Temor a hacer el ridículo
  • Temor a lo que los demás piensan de uno mismo
  • Temor de no agradar a los demás
  • Temor a no saber qué decir
  • Patrones excesivamente elevados para la evaluación de su actuación (auto-exigencia)
  • Percepción de falta de control sobre su propia conducta

II.- Síntomas fisiológicos más frecuentes de la respuesta de ansiedad:

  • Palpitaciones
  • Temblor
  • Sudor
  • Tensión muscular
  • Sensación de vacío en el estómago
  • Boca seca
  • Sensación frío/calor
  • Ruborizarse
  • Tensión/dolor cabeza

III.-Aspectos conductuales

 El síntoma conductual más habitual es la EVITACIÓN de las situaciones sociales temidas.

Algunas de las más frecuentes son:

  • Iniciar y/o mantener conversaciones
  • Quedar con alguien
  • Asistir a fiestas, reuniones, congresos…
  • Telefonear (especialmente a personas a quienes no se conoce muy bien)
  • Comportarse asertivamente (p.e. expresar desacuerdo o rechazar una petición)
  • Devolver un producto a la tienda donde lo ha comprado
  • Hacer y recibir cumplidos
  • Hablar con personas de autoridad
  • Hablar con desconocidos
  • Hacer contacto ocular con gente que no conoce
  • Hablar en público (p.e. ante grupos pequeños o grandes), pronunciar un discurso…
  • Actuar ante otras personas
  • Ser el centro de atención (p.e. entrar en una habitación cuando la gente ya está sentada)
  • Comer/beber en público
  • Escribir/trabajar mientras le están observando
  • Utilizar los urinarios públicos

 

Subtipos de Fobia Social:

-Fobia social simple o específica: Cuando el temor se refiere a estímulos o situaciones muy específicas (comer o beber en público, escribir delante de otros, hablar en público…).

-Fobia social generalizada: si los temores hacen referencia a la mayoría de situaciones sociales (p.e., iniciar o mantener conversaciones, participar en pequeños grupos, tener citas, hablar con figuras de autoridad, asistir a fiestas…).

En la clínica, el 60-70% del total de pacientes pertenecen a la fobia social de tipo generalizado.

Los distintos tipos de fobia social, a excepción del temor a hablar en público, presentan frecuentemente antecedentes de timidez en la infancia y determinadas características de personalidad.

Si te identificas con algunas de estas características comienza a trabajar tu problemática lo antes posible, ya que la fobia social es uno de los trastornos psicológicos más incapacitantes y que limita al individuo tanto en el vertiente estudios/relacional, laboral y funcional. Es PsicoSabadell estamos especializados en la evaluación diagnóstico y tratamiento de este trastorno.

 


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La obsesión y su necesidad constante de seguridad

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Los parientes de aquellos enfermos fóbicos que constantemente y durante mucho tiempo se han visto sometidos a demandas de seguridad pueden ser de gran ayuda en el tratamiento. Cuando los pacientes piden seguridad esperan recibir respuesta de que no están enfermos, contaminados o algo parecido. Con estas respuestas la ansiedad del paciente se reduce durante un corto tiempo, pero con ello no impide que poco después vuelva a surgir con mayor fuerza. En realidad, las enfermedades que los fóbicos temen son aquéllas que todos hemos temido alguna vez puesto que podrían llevarnos a la muerte. Sin embargo, el fóbico evita esta idea todo lo que puede, en lugar de enfrentarse con ella de manera realista. Esta evitación conduce al principio del tratamiento, es decir, a retirar cualquier tipo de seguridad de tal forma que la idea de la enfermedad sostenida por el fóbico no desaparezca inmediatamente, sino que aprenda a tolerarla, igual que hacemos la mayoría de nosotros. De alguna manera las peticiones constantes de seguridad por parte de estos pacientes recuerdan la de los alcohólicos que se levantan por la mañana con temblores. Estos pacientes descubren que una copa a aquella hora les mejora durante un rato, lo que ocurre es que poco después vuelve a temblar, vuelve a necesitar más alcohol, estableciéndose así un círculo vicioso. Sólo el rechazo del alcohol va a ayudar a superar esa adicción. De manera semejante, la adicción a la seguridad puede desaparecer si de una manera constante suspendemos cualquier tipo de tranquilización.

Cuando un fóbico a las enfermedades tiene el hábito de preguntarle a su mujer: “¿Estoy pálido, parezco enfermo?”, debe enseñársele a la esposa a dejar de responder: “No, parece que estás muy bien”, sino que diga: “Las instrucciones que me han dado en la clínica me impiden responder a este tipo de preguntas”. Se puede ensayar esta escena diversas veces: el fóbico le pide seguridad a su mujer, y ésta responde que no puede hacerlo. Esta maniobra se repite hasta que la pareja sabe exactamente lo que ha de hacer. Esta transacción tan simple puede ser sorprendentemente difícil de aprender y la pareja puede tener que ensayar la escena hasta diez veces delante de la doctora durante la consulta antes de que la haya aprendido del todo.

El principio de suspender la seguridad o la tranquilización es a menudo más fácil de enunciar que de llevar a cabo en la práctica. Después de todo, los parientes han estado entrenados durante años a responder: “Estás muy bien, querido”. Sin embargo, el ensayo repetido es capaz, por lo general, de ayudarles a cambiar el curso de las cosas. Incluso el médico del paciente puede necesitar una cierta ayuda para aprender a no practicar más exámenes ni análisis si considera que son innecesarios. La seguridad y la tranquilización deben ser suspendidas porque el fóbico a las enfermedades debe llegar a ser capaz de tolerar la inquietud de no estar seguro de si está enfermo o no. En alguna ocasión todos nosotros podemos preguntarnos si una mancha o un grano de nuestra mano puede llegar a ser canceroso, pero por lo general somos capaces de apartar la idea de nuestra mente. Un fóbico a las enfermedades necesita desarrollar esta misma facilidad, pero no será capaz de hacerlo hasta que se interrumpa la tranquilización. A principio del tratamiento, cuando se retira la tranquilización, las preocupaciones hipocondríacas del fóbico pueden incluso aumentar durante algunas horas o días; sin embargo, si la esposa interpreta de manera razonable su papel y no cede, las preocupaciones disminuirán gradualmente. Por lo general, las parejas necesitan estar en contacto regular con el terapeuta para recibir ayuda, puesto que va contra nuestros instintos naturales retirar el consuelo a nuestros seres queridos aunque esto sea para su propio interés a largo plazo.

No solamente los fóbicos, sino también algunos pacientes compulsivos, piden repetidamente seguridad a sus familiares de manera ritualista, por ejemplo: “Querida, ¿toqué el polvo de la pared? ¿Estás completamente segura que no puse veneno en la comida?. Por lo general, el sufrido familiar ha sido entrenado a responder repetidamente con frases tranquilizadoras del tipo de “No, no has tocado el polvo” o “Sí, estoy segura de que no has puesto veneno en la comida”.

Igual que ocurre con el tratamiento de las fobias a las enfermedades, la seguridad y tranquilización sólo disminuyen la ansiedad del paciente durante un periodo de tiempo relativamente corto y en cambio le impiden aprender a tolerar el disconfort producido por la incertidumbre sobre la enfermedad, el polvo o cualquier otra cosa. El paciente adquirirá rápidamente la tolerancia necesaria y cesará de pedir ayuda, sino se le refuerza cada vez. Así pues, en el tratamiento los familiares han de aprender a no tranquilizar, con lo cual se conseguirá que las preguntas dejen de ser reforzadas por la reducción temporal y repetida de la ansiedad producida por las respuestas.

En base a esto, desde nuestro centro de Psicología PsicoSabadell, trabajamos de maneja conjunta con el paciente, familiares y entorno para ayudarles a ejercer el rol de co-terapeutas que en el día a día van a tener que lidiar. Dotando de estrategias y herramientas y especialmente trabajando en equipo es como resolvemos el problema y logramos realizar una intervención holística y por tanto eficaz.


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El “ghosting”, las ciber-rupturas dejan secuelas

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El uso de las nuevas tecnologías invade por completo nuestra vida, como hemos visto en artículos anteriores también interfiere en como nos relacionamos y en el tipo de relaciones que establecemos.  Las relaciones de amor de tipo virtual son cada vez más frecuentes y existe un amplio surtido de aplicaciones móviles y soportes que las facilitan.

redes-sociales

Como consecuencia de este tipo de relaciones, también aparece el denominado “ghosting”, que consiste en la perdida producida por la ruptura de una relación virtual.

En muchos de estos casos, la perdida habitual se ve agravada por las circunstancias.

Únicamente queda al acceso de esa persona lo que la otra quiere mostrar en su perfil, en muchas ocasiones no son tomadas en serio por el entorno.  Además, en muchas ocasiones se finalizan de forma abrupta cuando una de las partes deja de escribir o de responder a los mensajes, o incluso llega a bloquearlo de las redes sociales .

 Las consecuencias en estos casos son para todas las partes:

-Por un lado, quien es rechazado y su relación finaliza con tanta indiferencia, se ve afectada su autoestima y tiene que convivir con el duelo de cualquier ruptura sentimental, pero además sin argumentos ni motivos sobre el fracaso sentimental.

 -En cuanto a la persona que usa esta fórmula de relaciones y concretamente de disolución de las mismas, está realizando el denominado fenómeno de evitación. Suelen ser personas que tienen importantes dificultades para afrontar el conflicto y en ocasiones para lidiar con las diferencias que se dan en las relaciones. Estas plataformas les facilitan esta conducta de escape sencilla, pero no les ayuda en absoluto. Además tendrán que hacer frente a los sentimientos de remordimiento y culpa.

Este tipo de relaciones que con frecuencia comienzan a establecerse en la adolescencia son de riesgo para el establecimiento tanto de la autoestima, como de los patrones de relaciones que se establecen. De hecho, en este formato se normaliza el “deshacernos de la gente” o ser sujetos de quienes otros se “deshacen” sin dar explicaciones ni motivos.

Estas relaciones son preludios de relaciones dependientes, que posteriormente terminan en relaciones sentimentales patológicas y muy nocivas para nuestra salud emocional.

No se debe olvidar tampoco, que con frecuencia, estas ciber-relaciones son intensas, se confía valiosa información y se deposita mucha confianza en la otra persona (en muchas ocasiones se cubren necesidades emocionales y atenciones no resueltas por parte de los padres , amistades y otras figuras importantes).

Es importante supervisar y analizar el tipo de relaciones que se establece y ponerlas en cuarentena para evitar los riesgos que se puedan producir de la propia relación en sí y por supuesto evitar fenómenos como el “ghosting”.

Trabajar tanto las propias inseguridades, como evitar generárselas a otros, será fundamental en el establecimiento de las relaciones futuras.


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¿Qué es la agorafobia?

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Un agorafóbico es alguien que tiene miedo a ale­jarse de casa, miedo a estar solo o lejos de ayuda y miedo a los lugares públicos llenos de gente tales como calles, tiendas y autobuses.

La mayoría de los agorafóbicos temen también que per­derán el control sobre sus propias reacciones y que su miedo quedará com­pletamente fuera de control y les llevará a un ataque de pánico o a algo peor.

Debido a este temor, tienden a evitar los lugares que pudieran provocar­lo y esta evitación tien­de a con­vertirse en un hábito. A me­nudo se sienten mejor con alguien a quien conocen bien y, de este modo, llegan a depender de tener un acompañante cuando salen de casa. Una vez que una persona evita regular­mente salir sola de casa o evita muchos lugares diferentes por esta razón, se dice que padece agorafobia.

La agorafobia es un problema bastante frecuente. Aproximada­mente 2‑3 de cada 100 personas la padecen. Más de dos tercios de los agorafóbicos son mujeres.

Alguien que tiene agorafobia es probable que tenga miedo a:

  • Espacios abiertos en el campo.
  • Perder el control en lugares públicos atestados de gente.
  • Permanecer en casa con alguien.
  • Estar con otras personas.

La agorafobia no está asociada con ninguna enfer­medad mental grave (como, por ejemplo, la esquizofre­nia) ni tam­poco con ninguna enferme­dad física conoci­da.

Se origina, en primer lugar, cuando el cuerpo reacciona a situa­ciones cotidianas como si estas fue­ran peligrosas o espantosas. En segundo lugar, está origi­nada por la preocupación que producen estas ex­trañas sensaciones y, en tercer lugar, por el hecho de que los agorafóbicos tienden a evitar los lugares re­lacio­nados con dichas sensaciones.

Para comprender esto, piense en la forma en que reacciona su cuerpo en un momento de verdadero peligro ‑‑por ejemplo, un tiro que le pasa muy cerca y que hubiese podido provocar un ac­cidente fatal‑‑. Su cora­zón puede latir fuerte y rápida­mente, su estómago pue­de revolverse, usted puede sudar y temblar, etc. La re­ac­ción exacta varía de persona a persona, pero nor­mal­mente es lo suficien­temente fuerte como para origi­nar una sensación de «shock» después de un accidente.

En la agorafobia es como si esta reacción corporal se hubiera hecho extremadamente sensible, de forma que tiende a producirse automáti­camente en situaciones bastante comunes que no son peli­grosas.

El pánico agorafóbico es diferente al miedo o «shock» corriente por­que:

  • No puede ser controlado muy fácilmente.
  • Produce cambios corporales, como, por ejemplo, que su corazón lata más rápidamente.
  • Es una reacción corporal automática.
  • Es lo mismo que el miedo, pero sin ningún peligro real.

¿Por qué persiste la agorafobia? La razón principal es que la reacción natural a las sensaciones de pánico que no pueden ser comprendi­das es evitar los lugares en que suceden. Por des­gra­cia, esto parece tener el efecto de fortalecer el mie­do condicio­nado. Cuanto más persiste el evitar las situaciones, más fuerte se hace el miedo.

A menudo, la gente piensa que puede ayudar a un ago­rafóbico haciéndo­le cosas para que no tenga que salir de casa. Sin embargo, esto sólo consigue hacer más fuerte el há­bito de evitación

En cuanto al tratamiento el paso más importante es dejar de evitar los lu­gares a los que se teme. Sólo mediante la práctica gradual en estos lugares podrá llegarse a superar el miedo. Y, puesto que el miedo se ha estado desarro­llando du­rante largo tiempo, usted necesitará mucho tiempo para librar­se de él. Esto significa que usted tendrá que practicar el hacer frente a las situaciones temidas una y otra vez has­ta que recupere su confian­za. En otras pala­bras, una per­sona que tiene agorafo­bia debe adquirir el hábito dia­rio de salir de su casa para pasear, ir de tiendas, viajar en autobús o afron­tar (hacer frente a) las co­sas que teme, cua­lesquiera que estas sean. Natu­ral­mente, usted no puede esperar ha­cer todas estas co­sas de una vez; cada situa­ción debe ser practi­cada por etapas, un paso cada vez. Irá ad­qui­­­riendo confianza haciendo las cosas más fáciles pri­mero antes de hacer gradualmente otras más y más difí­ciles.

Si usted consigue ir a un sitio determinado que ha evi­tado durante algún tiempo:

  • No tendrá ya más problemas con ese lugar.
  • Será incluso más difícil la próxima vez.
  • De un modo u otro, no servirá para nada.
  • Probablemente, será un poco más fácil la próxima vez.

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