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Las dislalias funcionales

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Las dislalias funcionales son unas de las alteraciones del habla más común en los niños. 

Consiste en una alteración de la articulación de la palabra, causada por una incorrecta coordinación de los movimientos musculares del sistema orofacial implicados en la articulación de los fonemas. No hay un trastorno orgánico ni físico que las justifique, simplemente una incoordinación motora.

Las causas más comunes que provocan una dislalia funcional son:

  • Respiración oral
  • Deglución atípica
  • Interposición lingual en reposo (lengua en posición interdental)
  • Dedo en la bocabiberónchupete prolongado
  • Alteraciones en la estructura oral: maloclusiones (mordida abiertamordida cruzada, etc.) o alteraciones en la articulación temporomandibular (ATM)
  • Piercings labiales i linguales

Los sonidos como, por ejemplo; /m/, /p/, /f/, /s/, /rr/, /l/, /b/, /t/,entre otros, suelen ser los más alterados a causa de los factores explicados anteriormente. 

Por ejemplo, algunas de las consecuencias de dichos factores son:

  • La respiración oral altera la musculatura orofacial, implicando una hipofunción de la fuerza y la movilidad de dichos músculos. La cual cosa, el habla se verá repercutida con una falta de articulación del habla.
  • Interposición lingual en reposo: La lengua empuja los dientes incisivos superiores e inferiores, causando una alteración dental que implicará la alteración en los fonemas fricativos (sigmatismo anterior). También suele aparecer con el dedo en la boca, biberones y chupetes prolongados.
  • Alteraciones en la estructura oral:Las maloclusiones dentales causaran una distorsión en los sonidos fricativos y africados, al igual que una imprecisión en el habla.

En estos casos, la maestra, el dentista, el pediatra o la propia familia, son los que pueden detectar dichas alteraciones y derivarlos al logopeda, para poder realizar una evaluación exhaustiva y, así, realizar un tratamiento logopédico.

Alexandra Lussaud
Logopeda col. nº 08-4371


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Cuando cambia el tiempo

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Con la llegada de la primavera o la mejora de tiempo, nuestro cuerpo se tiene que adaptar a las nuevas condiciones ambientales que esta estación trae consigo misma. Las fluctuaciones en la temperatura que se dan, así como el aumento de la intensidad de la luz pueden provocar episodios de desestabilización del estado del ánimo y una sensación de menor energía, conocidos con el nombre de astenia primaveral, que suele afectar aproximadamente a un 10% de la población adulta. Nuestro cuerpo viene de estar adaptado a las características típicas del invierno y a partir de ahora se ha de acostumbrar a un mayor consumo de energía, ya que al tener más horas de luz esto nos permite el desarrollar mayor número de actividades. 

El término astenia hace referencia a una sensación de agotamiento físico y mental constante, originado por la falta de energía física, que no remite tras unas horas de descanso. Se acompaña de falta de energía y motivación, fatiga, somnolencia diurna, irritabilidad, alteraciones en los patrones del sueño y de la alimentación, fallos en la atención y concentración, enlentecimiento motor y labilidad emocional. A veces puede coexistir con otros síntomas depresivos, pero no se debe confundir con una depresión, ya que esta condición no cumple categoría de diagnóstico. Las fluctuaciones en el estado del ánimo y en el nivel de energía son transitorias y trascurridos unos días, entre dos y tres semanas, el tiempo necesario para que nuestro cuerpo se adapte al nuevo uso horario y  a las horas de luz, la sintomatología remite. 

Las causas que originan esa sensación de agotamiento físico y mental no están claras. Se ha postulado que la exposición a más horas de sol, así como las oscilaciones de la temperatura producen alteraciones en los niveles en sangre de algunos neurotransmisores que están implicados en la regulación del estado del ánimo y del bienestar/felicidad, como son la serotonina y las endorfinas. La sensación de cansancio, debilidad y somnolencia pueden deberse a que la mayor exposición a la luz natural aumenta la liberación de melatonina y a que el aumento de temperatura produce una reducción de la presión sanguínea, implicando mayores consumos de energía.

Para intentar que la astenia primaveral nos afecte lo menos posible es muy importante seguir con un ritmo de vida equilibrado y organizado. Mantener una dieta equilibrada y un patrón de sueño organizado, hidratarse, realizar actividad física, evitar el consumo de sustancias tóxicas y de bebidas estimulantes. Si a pesar de seguir todas estas indicaciones persisten estos síntomas no dudes en contactar con los especialistas en salud mental de PsicoSabadell

Tamara Garrido
Nº Colegiado: 23711



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Motricidad fina

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La motricidad fina comprende todos aquellos movimientos que se realizan con las extremidades superiores, concretamente manos y dedos, gracias a la coordinación de los movimientos de músculos de dichas partes del cuerpo, junto con la vista, la cual es esencial para que se puedan realizar los movimientos deseados. Popularmente es lo que vendría a ser la destreza para realizar ciertas actividades con las manos (coger un objeto, cortar con tijeras, pintar, etc.)

La motricidad fina se va adquiriendo poco a poco desde el nacimiento, siguiendo el proceso natural de evolución del niño. Así, por ejemplo, a partir del tercer mes de vida un bebé ya puede comenzar a coger aquellos objetos que caben en su mano, usando todos los dedos. Y a partir del octavo o noveno mes, el mismo bebé ya es capaz de realizar lo que se llama agarre con pinza, es decir, sujetan el objeto entre el dedo índice y el pulgar.

Este desarrollo va evolucionando hasta llegar el momento en que el niño ya es capaz de coger un lápiz de manera correcta, o realiza otras tareas en las que la utilización de las manos y dedos son fundamentales.

Pero ¿qué ocurre cuando un niño no está desarrollando bien la motricidad fina? Nos daremos cuenta porque a la hora de realizar manualidades o coger el lápiz en los primeros años de escolarización, el niño mostrará dificultades o se cansará rápido de llevar a cabo actividades en las que intervenga la motricidad fina.

En este momento será necesario asesorarse sobre el tema y ayudar al niño mediante un trabajo psicoeducativo a que pueda desarrollar la motricidad fina en su totalidad. Este trabajo se basará en enseñarle a coger el lápiz, a coger los objetos realizando diferentes movimientos y posturas con los dedos y las manos, etc.

Y también serán esenciales otro tipo de actividades más motivadoras para avanzar en el desarrollo de su motricidad fina. Algunas de estas actividades pueden ser:

  • Jugar con plastilina y materiales similares (arena, por ejemplo). Se puede optar porque el niño juegue libremente y poco a poco se le pueden ir dando pautas, las cuales tendrán por objetivo dificultar el trabajo de manera progresiva.
  • Realizar ejercicios de grafomotricidad. Estos ejercicios permiten al niño recorrer circuitos con diferentes texturas o tipologías de tintas (rotuladores, colores, crayones…).
  • Recortar con tijeras. El hecho de tener que situar en el lugar correcto las tijeras y que el niño deba seguir una línea para recortar, hacen que se tenga que concentrar más y esforzarse a la vez por hacerlo bien, obteniendo práctica de motricidad fina.

Si sospechas que tu hijo/a puede tener dificultes de motricidad fina y necesitas más consejos al respecto, ponte en contacto sin compromiso con el equipo de PsicoSabadell. Os asesoraremos para hacer un diagnóstico y tratamiento si fuera necesario.

Os dejamos un video con algunas de las actividades que podéis poner en marcha con los más pequeños para trabajar estos aspectos.

Vídeo

Tania Visiga
Num.Col. 1109


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Reaccionar ante el estrés

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El estrés es un hecho habitual en nuestras vidas. No puede evitarse, ya que cualquier cambio al que debamos adaptarnos representa estrés. Sin embargo, al pensar en hechos estresantes, siempre acuden a la mente sucesos negativos como daño, enfermedad, separación, muerte de un ser querido, sin darnos cuenta de que un suceso positivo puede llegar a ser igualmente estresante (por ejemplo cambiar de casa o ascender en el trabajo representan el estrés de un nuevo status y de nuevas responsabilidades, incluso enamorarse puede representar, para algunas personas, el mismo grado de estrés que romper una relación).

Nuestras experiencias estresoras provienen de tres fuentes básicas: nuestro entorno, nuestro cuerpo y nuestros pensamientos.

1- El Entorno: continuamente tenemos que estar adaptándonos a todo lo que sucede a nuestro alrededor, las normas de conducta, los horarios rígidos, las relaciones interpersonales…etc.

2- Nuestros Cuerpo: lo que nos sucede también afecta a nuestro organismo. Pasamos a lo largo de nuestra vida por momentos difíciles como la adolescencia, el envejecimiento, la enfermedad, los accidentes, los trastornos del sueño, entre otros. 
Nuestra forma de reaccionar ante los problemas, las demandas y los peligros viene determinada todavía por una actitud innata de “lucha o huida” heredada de nuestros antepasados más primitivos. Nuestros predecesores, a través de un proceso de selección natural, fueron transmitiendo todas aquellas características físicas que pudieran representar, en un mundo competitivo y hostil, una ventaja sobre sus enemigos. Como resultado de este proceso, poseemos dentro de nuestro entramado bioquímico la tendencia innata a prepararnos para luchar o para huir siempre que nos sentimos amenazados.
Cada vez que se produce una respuesta de este tipo, tienen lugar en nuestro organismo, de modo esquemático, los siguientes cambios: cuando los estímulos que nos llegan son interpretados como amenazantes, los centros de regulación dan al organismo la información que le conducirá a enfrentarse o a escapar de la amenaza. Este proceso se traduce en una serie de cambios físicos observables, por ejemplo, las pupilas se agrandan para mejorar la visión y el oído se agudiza. Los músculos se tensan para responder al desafío, la sangre es bombeada hacia el cerebro para aumentar la llegada de oxígeno a las células y favorecer así los procesos mentales que están ocurriendo. Las frecuencias cardíaca y respiratoria aumentan, y como la sangre se desvía preferentemente hacia la cabeza y hacia el tronco, las extremidades, sobre todo las manos y los pies, se perciben como fríos y sudorosos.
Si no se libera al organismo de estos cambios ocurridos durante la fase de reconocimiento y consideración de la amenaza, se entra en un estado de estrés crónico.

3- Nuestros Pensamientos: el modo de interpretar y catalogar nuestras experiencias y el modo de ver el futuro pueden servir tanto para relajarnos como para estresarnos. Por ej.: si nuestro jefe nos mira con cara seria, podría entenderse como una señal de que algo hemos hecho mal y provocar, por tanto ansiedad, o simplemente podría interpretarse como un signo de cansancio porque ha pasado una mala noche y entonces no ser motivo de temor. Pensar sobre los problemas produce tensión en el organismo, lo cual crea a su vez, la sensación subjetiva de intranquilidad, que provoca pensamientos todavía más ansiosos.


No se puede escapar de todas las situaciones estresantes que hay en nuestra vida ni evitar completamente nuestra respuesta innata a las amenazas, pero sí podemos aprender a contrarrestar nuestras reacciones habituales al estrés, aprendiendo a relajarnos. Los distintos centros del cerebro que aceleran nuestros procesos bioquímicos cuando estamos en estado de alerta pueden, de igual modo, ser estimulados para que enlentezcan dichos procesos.


La respuesta de relajación es la opuesta a la respuesta del organismo ante una amenaza, y es la que devuelve al organismo a su estado natural de equilibrio. Así, las pupilas, el oído, la presión de la sangre, los latidos del corazón, la respiración y la circulación, vuelven a la normalidad y los músculos se relajan.
La respuesta de relajación tiene un efecto de recuperación y representa una tregua para el organismo a los estímulos externos, evitando utilizar toda nuestra energía vital en reaccionar de forma excesiva ante estos estímulos, lo que nos llevaría a un punto en que nos veríamos desbordados por ellos. La relajación normaliza nuestros procesos físicos, mentales y emocionales.


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