Tag Archives: centro PsicoSabadell


  • 0

Motricidad fina

Tags : 

La motricidad fina comprende todos aquellos movimientos que se realizan con las extremidades superiores, concretamente manos y dedos, gracias a la coordinación de los movimientos de músculos de dichas partes del cuerpo, junto con la vista, la cual es esencial para que se puedan realizar los movimientos deseados. Popularmente es lo que vendría a ser la destreza para realizar ciertas actividades con las manos (coger un objeto, cortar con tijeras, pintar, etc.)

La motricidad fina se va adquiriendo poco a poco desde el nacimiento, siguiendo el proceso natural de evolución del niño. Así, por ejemplo, a partir del tercer mes de vida un bebé ya puede comenzar a coger aquellos objetos que caben en su mano, usando todos los dedos. Y a partir del octavo o noveno mes, el mismo bebé ya es capaz de realizar lo que se llama agarre con pinza, es decir, sujetan el objeto entre el dedo índice y el pulgar.

Este desarrollo va evolucionando hasta llegar el momento en que el niño ya es capaz de coger un lápiz de manera correcta, o realiza otras tareas en las que la utilización de las manos y dedos son fundamentales.

Pero ¿qué ocurre cuando un niño no está desarrollando bien la motricidad fina? Nos daremos cuenta porque a la hora de realizar manualidades o coger el lápiz en los primeros años de escolarización, el niño mostrará dificultades o se cansará rápido de llevar a cabo actividades en las que intervenga la motricidad fina.

En este momento será necesario asesorarse sobre el tema y ayudar al niño mediante un trabajo psicoeducativo a que pueda desarrollar la motricidad fina en su totalidad. Este trabajo se basará en enseñarle a coger el lápiz, a coger los objetos realizando diferentes movimientos y posturas con los dedos y las manos, etc.

Y también serán esenciales otro tipo de actividades más motivadoras para avanzar en el desarrollo de su motricidad fina. Algunas de estas actividades pueden ser:

  • Jugar con plastilina y materiales similares (arena, por ejemplo). Se puede optar porque el niño juegue libremente y poco a poco se le pueden ir dando pautas, las cuales tendrán por objetivo dificultar el trabajo de manera progresiva.
  • Realizar ejercicios de grafomotricidad. Estos ejercicios permiten al niño recorrer circuitos con diferentes texturas o tipologías de tintas (rotuladores, colores, crayones…).
  • Recortar con tijeras. El hecho de tener que situar en el lugar correcto las tijeras y que el niño deba seguir una línea para recortar, hacen que se tenga que concentrar más y esforzarse a la vez por hacerlo bien, obteniendo práctica de motricidad fina.

Si sospechas que tu hijo/a puede tener dificultes de motricidad fina y necesitas más consejos al respecto, ponte en contacto sin compromiso con el equipo de PsicoSabadell. Os asesoraremos para hacer un diagnóstico y tratamiento si fuera necesario.

Os dejamos un video con algunas de las actividades que podéis poner en marcha con los más pequeños para trabajar estos aspectos.

Vídeo

Tania Visiga
Num.Col. 1109


  • 0

Reaccionar ante el estrés

Tags : 

El estrés es un hecho habitual en nuestras vidas. No puede evitarse, ya que cualquier cambio al que debamos adaptarnos representa estrés. Sin embargo, al pensar en hechos estresantes, siempre acuden a la mente sucesos negativos como daño, enfermedad, separación, muerte de un ser querido, sin darnos cuenta de que un suceso positivo puede llegar a ser igualmente estresante (por ejemplo cambiar de casa o ascender en el trabajo representan el estrés de un nuevo status y de nuevas responsabilidades, incluso enamorarse puede representar, para algunas personas, el mismo grado de estrés que romper una relación).

Nuestras experiencias estresoras provienen de tres fuentes básicas: nuestro entorno, nuestro cuerpo y nuestros pensamientos.

1- El Entorno: continuamente tenemos que estar adaptándonos a todo lo que sucede a nuestro alrededor, las normas de conducta, los horarios rígidos, las relaciones interpersonales…etc.

2- Nuestros Cuerpo: lo que nos sucede también afecta a nuestro organismo. Pasamos a lo largo de nuestra vida por momentos difíciles como la adolescencia, el envejecimiento, la enfermedad, los accidentes, los trastornos del sueño, entre otros. 
Nuestra forma de reaccionar ante los problemas, las demandas y los peligros viene determinada todavía por una actitud innata de “lucha o huida” heredada de nuestros antepasados más primitivos. Nuestros predecesores, a través de un proceso de selección natural, fueron transmitiendo todas aquellas características físicas que pudieran representar, en un mundo competitivo y hostil, una ventaja sobre sus enemigos. Como resultado de este proceso, poseemos dentro de nuestro entramado bioquímico la tendencia innata a prepararnos para luchar o para huir siempre que nos sentimos amenazados.
Cada vez que se produce una respuesta de este tipo, tienen lugar en nuestro organismo, de modo esquemático, los siguientes cambios: cuando los estímulos que nos llegan son interpretados como amenazantes, los centros de regulación dan al organismo la información que le conducirá a enfrentarse o a escapar de la amenaza. Este proceso se traduce en una serie de cambios físicos observables, por ejemplo, las pupilas se agrandan para mejorar la visión y el oído se agudiza. Los músculos se tensan para responder al desafío, la sangre es bombeada hacia el cerebro para aumentar la llegada de oxígeno a las células y favorecer así los procesos mentales que están ocurriendo. Las frecuencias cardíaca y respiratoria aumentan, y como la sangre se desvía preferentemente hacia la cabeza y hacia el tronco, las extremidades, sobre todo las manos y los pies, se perciben como fríos y sudorosos.
Si no se libera al organismo de estos cambios ocurridos durante la fase de reconocimiento y consideración de la amenaza, se entra en un estado de estrés crónico.

3- Nuestros Pensamientos: el modo de interpretar y catalogar nuestras experiencias y el modo de ver el futuro pueden servir tanto para relajarnos como para estresarnos. Por ej.: si nuestro jefe nos mira con cara seria, podría entenderse como una señal de que algo hemos hecho mal y provocar, por tanto ansiedad, o simplemente podría interpretarse como un signo de cansancio porque ha pasado una mala noche y entonces no ser motivo de temor. Pensar sobre los problemas produce tensión en el organismo, lo cual crea a su vez, la sensación subjetiva de intranquilidad, que provoca pensamientos todavía más ansiosos.


No se puede escapar de todas las situaciones estresantes que hay en nuestra vida ni evitar completamente nuestra respuesta innata a las amenazas, pero sí podemos aprender a contrarrestar nuestras reacciones habituales al estrés, aprendiendo a relajarnos. Los distintos centros del cerebro que aceleran nuestros procesos bioquímicos cuando estamos en estado de alerta pueden, de igual modo, ser estimulados para que enlentezcan dichos procesos.


La respuesta de relajación es la opuesta a la respuesta del organismo ante una amenaza, y es la que devuelve al organismo a su estado natural de equilibrio. Así, las pupilas, el oído, la presión de la sangre, los latidos del corazón, la respiración y la circulación, vuelven a la normalidad y los músculos se relajan.
La respuesta de relajación tiene un efecto de recuperación y representa una tregua para el organismo a los estímulos externos, evitando utilizar toda nuestra energía vital en reaccionar de forma excesiva ante estos estímulos, lo que nos llevaría a un punto en que nos veríamos desbordados por ellos. La relajación normaliza nuestros procesos físicos, mentales y emocionales.


Calendario

mayo 2019
L M X J V S D
« Abr    
 12345
6789101112
13141516171819
20212223242526
2728293031  

Video Virtual

Visita Virtual YouTube play