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Cuando cambia el tiempo

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Con la llegada de la primavera o la mejora de tiempo, nuestro cuerpo se tiene que adaptar a las nuevas condiciones ambientales que esta estación trae consigo misma. Las fluctuaciones en la temperatura que se dan, así como el aumento de la intensidad de la luz pueden provocar episodios de desestabilización del estado del ánimo y una sensación de menor energía, conocidos con el nombre de astenia primaveral, que suele afectar aproximadamente a un 10% de la población adulta. Nuestro cuerpo viene de estar adaptado a las características típicas del invierno y a partir de ahora se ha de acostumbrar a un mayor consumo de energía, ya que al tener más horas de luz esto nos permite el desarrollar mayor número de actividades. 

El término astenia hace referencia a una sensación de agotamiento físico y mental constante, originado por la falta de energía física, que no remite tras unas horas de descanso. Se acompaña de falta de energía y motivación, fatiga, somnolencia diurna, irritabilidad, alteraciones en los patrones del sueño y de la alimentación, fallos en la atención y concentración, enlentecimiento motor y labilidad emocional. A veces puede coexistir con otros síntomas depresivos, pero no se debe confundir con una depresión, ya que esta condición no cumple categoría de diagnóstico. Las fluctuaciones en el estado del ánimo y en el nivel de energía son transitorias y trascurridos unos días, entre dos y tres semanas, el tiempo necesario para que nuestro cuerpo se adapte al nuevo uso horario y  a las horas de luz, la sintomatología remite. 

Las causas que originan esa sensación de agotamiento físico y mental no están claras. Se ha postulado que la exposición a más horas de sol, así como las oscilaciones de la temperatura producen alteraciones en los niveles en sangre de algunos neurotransmisores que están implicados en la regulación del estado del ánimo y del bienestar/felicidad, como son la serotonina y las endorfinas. La sensación de cansancio, debilidad y somnolencia pueden deberse a que la mayor exposición a la luz natural aumenta la liberación de melatonina y a que el aumento de temperatura produce una reducción de la presión sanguínea, implicando mayores consumos de energía.

Para intentar que la astenia primaveral nos afecte lo menos posible es muy importante seguir con un ritmo de vida equilibrado y organizado. Mantener una dieta equilibrada y un patrón de sueño organizado, hidratarse, realizar actividad física, evitar el consumo de sustancias tóxicas y de bebidas estimulantes. Si a pesar de seguir todas estas indicaciones persisten estos síntomas no dudes en contactar con los especialistas en salud mental de PsicoSabadell

Tamara Garrido
Nº Colegiado: 23711




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Reaccionar ante el estrés

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El estrés es un hecho habitual en nuestras vidas. No puede evitarse, ya que cualquier cambio al que debamos adaptarnos representa estrés. Sin embargo, al pensar en hechos estresantes, siempre acuden a la mente sucesos negativos como daño, enfermedad, separación, muerte de un ser querido, sin darnos cuenta de que un suceso positivo puede llegar a ser igualmente estresante (por ejemplo cambiar de casa o ascender en el trabajo representan el estrés de un nuevo status y de nuevas responsabilidades, incluso enamorarse puede representar, para algunas personas, el mismo grado de estrés que romper una relación).

Nuestras experiencias estresoras provienen de tres fuentes básicas: nuestro entorno, nuestro cuerpo y nuestros pensamientos.

1- El Entorno: continuamente tenemos que estar adaptándonos a todo lo que sucede a nuestro alrededor, las normas de conducta, los horarios rígidos, las relaciones interpersonales…etc.

2- Nuestros Cuerpo: lo que nos sucede también afecta a nuestro organismo. Pasamos a lo largo de nuestra vida por momentos difíciles como la adolescencia, el envejecimiento, la enfermedad, los accidentes, los trastornos del sueño, entre otros. 
Nuestra forma de reaccionar ante los problemas, las demandas y los peligros viene determinada todavía por una actitud innata de “lucha o huida” heredada de nuestros antepasados más primitivos. Nuestros predecesores, a través de un proceso de selección natural, fueron transmitiendo todas aquellas características físicas que pudieran representar, en un mundo competitivo y hostil, una ventaja sobre sus enemigos. Como resultado de este proceso, poseemos dentro de nuestro entramado bioquímico la tendencia innata a prepararnos para luchar o para huir siempre que nos sentimos amenazados.
Cada vez que se produce una respuesta de este tipo, tienen lugar en nuestro organismo, de modo esquemático, los siguientes cambios: cuando los estímulos que nos llegan son interpretados como amenazantes, los centros de regulación dan al organismo la información que le conducirá a enfrentarse o a escapar de la amenaza. Este proceso se traduce en una serie de cambios físicos observables, por ejemplo, las pupilas se agrandan para mejorar la visión y el oído se agudiza. Los músculos se tensan para responder al desafío, la sangre es bombeada hacia el cerebro para aumentar la llegada de oxígeno a las células y favorecer así los procesos mentales que están ocurriendo. Las frecuencias cardíaca y respiratoria aumentan, y como la sangre se desvía preferentemente hacia la cabeza y hacia el tronco, las extremidades, sobre todo las manos y los pies, se perciben como fríos y sudorosos.
Si no se libera al organismo de estos cambios ocurridos durante la fase de reconocimiento y consideración de la amenaza, se entra en un estado de estrés crónico.

3- Nuestros Pensamientos: el modo de interpretar y catalogar nuestras experiencias y el modo de ver el futuro pueden servir tanto para relajarnos como para estresarnos. Por ej.: si nuestro jefe nos mira con cara seria, podría entenderse como una señal de que algo hemos hecho mal y provocar, por tanto ansiedad, o simplemente podría interpretarse como un signo de cansancio porque ha pasado una mala noche y entonces no ser motivo de temor. Pensar sobre los problemas produce tensión en el organismo, lo cual crea a su vez, la sensación subjetiva de intranquilidad, que provoca pensamientos todavía más ansiosos.


No se puede escapar de todas las situaciones estresantes que hay en nuestra vida ni evitar completamente nuestra respuesta innata a las amenazas, pero sí podemos aprender a contrarrestar nuestras reacciones habituales al estrés, aprendiendo a relajarnos. Los distintos centros del cerebro que aceleran nuestros procesos bioquímicos cuando estamos en estado de alerta pueden, de igual modo, ser estimulados para que enlentezcan dichos procesos.


La respuesta de relajación es la opuesta a la respuesta del organismo ante una amenaza, y es la que devuelve al organismo a su estado natural de equilibrio. Así, las pupilas, el oído, la presión de la sangre, los latidos del corazón, la respiración y la circulación, vuelven a la normalidad y los músculos se relajan.
La respuesta de relajación tiene un efecto de recuperación y representa una tregua para el organismo a los estímulos externos, evitando utilizar toda nuestra energía vital en reaccionar de forma excesiva ante estos estímulos, lo que nos llevaría a un punto en que nos veríamos desbordados por ellos. La relajación normaliza nuestros procesos físicos, mentales y emocionales.


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Trastornos alimentarios

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Cuando acaban las fiestas navideñas, son muchas las personas que empiezan a pensar en los excesos con la comida y buscan compensarlos con restricciones o hábitos poco saludables que a menudo les pueden llevar a sufrir un trastorno alimentario. 

¿Qué es un trastorno de la conducta alimentaria o «TCA»?

El trastorno la conducta alimentaria se define como la aparición de problemas graves de conducta en cuanto a los hábitos alimenticios y/o una preocupación excesiva sobre el peso. 

Tipos de trastornos alimentarios

Los trastornos más comunes son:

· Anorexia nerviosa:se caracteriza por la pérdida excesiva de peso debido a una restricción casi total de alimentos por un miedo excesivo e irracional a ganar peso. Otros síntomas característicos son la percepción de una imagen corporal distorsionada, miedo intenso a comer en presencia de otros, dietas bajas en hidratos de carbono y grasas, abuso de laxantes, la perdida de ciclos menstruales (amenorrea), o la alopecia en el cuero cabelludo y la aparición de vello corporal (lanugo) en lugares poco comunes (cara, hombros, espalda).

Se han definido dos tipos de anorexia:

  • Tipo restrictivo: la persona apenas come y realiza a menudo ejercicio excesivo. En este caso, no existen episodios de atracones y purgas posteriores (vomitos, laxantes, fármacos).
  • Tipo compulsivo/purgativo: la persona realiza episodios de atracones y purgas posteriores (vomitos, laxantes, fármacos, ejercicio en exceso).

· Bulimia nerviosa: se caracteriza por episodios de atracones que pueden ocurrir varias veces al día, en los que la persona se siente fuera de control y puede llegar a consumir grandes cantidades de alimentos con alto contenido en grasas e hidratos de carbono en un breve espacio de tiempo que hacen lo que hace que se sienta físicamente incomoda. Dichos atracones suelen aparecer como una formula para compensar estados emocionales negativos. También existe una preocupación por el peso, de tal modo que, una vez realizado el atracón, la persona recurre a las purgas (provocarse el vómito, uso de laxantes, fármacos) o conductas compensatorias (ayuno, ejercicio excesivo) para deshacerse lo antes posible de todo lo ingerido. 

· Trastorno por atracón: como en el caso de la bulimia, se caracteriza por episodios de atracones que pueden ocurrir varias veces al día, en los que la persona se siente fuera de control y puede llegar a consumir grandes cantidades de alimentos con alto contenido en grasas e hidratos de carbono en un breve espacio de tiempo lo que hace que se sienta físicamente incomoda. Dichos atracones suelen aparecer como una formula para compensar estados emocionales negativos. A diferencia de la bulimia, no existe una preocupación excesiva por el peso y, por lo tanto, la persona no siente la necesidad de contrarrestar los atracones empleando conductas compensatorias. Son casos en los que a menudo se diagnostica obesidad

Causas

Son muchas las causas psicosociales que pueden provocar la aparición de un trastorno de la conducta alimentaria, y es frecuente que los mismos vengan asociados a otro trastorno, como pueden ser los trastornos depresivos o ansiosos, y los trastornos de la personalidad.

Algunas de las principales causas son:

  • baja autoestima
  • sensación de falta de control
  • síntomas depresivos
  • síntomas ansiosos
  • trastornos de la personalidad
  • adiciones
  • relaciones familiares y de pareja problemáticas
  • história de acoso psicológico y/o abuso físico
  • presiones culturales sobre la belleza

Tratamiento

El tratamiento en casos de trastornos alimentarios se centra en enseñar al/la paciente a identificar y ser consciente de aquellos disparadores de malestar (autoestima, problemas, síntomas físicos, etc.) que le llevan a alterar su pautas alimentarias. 

Se debe realizar un análisis de las conductas desadaptativas que mantienen el problema, y brindar al/la paciente de nuevas habilidades que le permitan gestionar su malestar de forma adaptativa y desvinculada de su alimentación

En ocasiones, será necesario combinarlo con una pauta farmacológica que complemente la terapia psicológica y ayude al/la paciente a reducir la patología asociada al trastorno (depresión, ansiedad, etc.).

Si estas experimentando problemas con la comida o conoces a alguien que pueda padecer alguno de estos trastornos, no dudes en ponerte en contacto con nosotros y el equipo de profesionales de nuestro centro de psicología y psiquiatría PsicoSabadell te orientará y acompañará en tu tratamiento. 

Por:   Marta Farré
Nº Col. 23.251




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Cuando las Navidades no son tan felices

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Se acercan estas fechas señaladas y en muchas personas comienzan a desatarse sensaciones encontradas. Y es que, a pesar de los buenos deseos y propósitos que siempre manifestamos al llegar la Navidad, hay mucha gente que sufre cuando se acerca este periodo, puesto que le toca confrontarse con las dificultades familiares de  su entorno.  A veces son las ausencias de seres queridos, otras veces los problemas familiares y conflictos no resueltos, con los que toca confrontarse. Estas situaciones, unidas a la presión social que ejercen los medios de comunicación que constantemente nos venden familias perfectas y unidas donde todos muestran una felicidad desmesurada, hacen que se despierten sentimientos de tristeza y ansiedad al comprar esa imagen idílica con nuestros entornos más reales.

Lo mismo ocurre con los sentimientos de soledad, en aquellos que por cuestiones personales / laborales  en ocasiones no tienen con quien pasar los días más señalados, alimentando creencias irracionales de desvalorización y de cuestionamiento sobre uno mismo.

No debemos olvidar que estas fechas tienen un valor positivo por lo familiares y en muchas ocasiones sirven de pretexto para reunirse con gente con la que habitualmente no es tan fácil, pero tampoco se puede caer en el error de magnificar y sobredimensionar su significado, especialmente si termina convirtiéndose en algo dañino para nosotros.

Los consejos para afrontar esta situación lo mejor posible si te has sentido identificado/a con las lineas anteriores son:

1- Ten presente que la publicidad y el marketing realizan una labor intensa para mostrar un modelo idílico de familia que no siempre es real. Y siempre con la función consumista que subyace en estas fiestas.  El mensaje que reluce sutilmente tras esto es el siguiente: «Regala felicidad» / » Compra la felicidad»

2- La familia no solo son aquellas personas con las que compartes factores genéticos y grupo sanguíneo, también son todas esas personas que tu has elegido para acompañarte en tu vida y especialmente en el día a día, amigos, compañeros del trabajo, de tu lugar de estudio o con los que compartes aficiones… Puedes aprovechar la mayor disponibilidad horaria para quedar y encontrarte con esa gente que te hace sentir bien. Que al final es lo verdaderamente importante.

3 – Aprovecha los días festivos para realizar actividades que sean gratificantes, descansa, y cuídate y recarga las pilas para empezar el nuevo año con ganas e ilusión.

4- No magnifiques las fechas, al final los días señalados tienen un origen histórico y cultural, pero no se termina el mundo, y no dejan de ser un día más en el calendario como cualquier otro, por lo que no tener un plan específico tampoco tiene que afectarnos tanto.

5- Si te reúnes con personas o en grupo, intenta no polemizar y no entrar en debates que puedan generar conflictos. En ocasiones temas candentes y de actualidad pueden ser un detonante de discusiones y enfados. Optimiza los momentos de reunión y asueto, y no dejes que visiones contrarias los eclipsen. Intenta ir a pasar un buen rato.

6- Las Navidades no resuelven conflictos de familia, si anteriormente había tensiones entre vosotros, no creas que por estar en estas fechas esto se va a esfumar. Los problemas en las dinámicas familiares se tienen que trabajar en terapia y de manera conjunta.

7- Pon límites. En ocasiones es tan importante saber poner distancia como acercarse, porque a pesar de la imagen que los medios arrojan, no todas las relaciones familiares son sanas, y la toxicidad en este ámbito genera importantes problemáticas psicológicas y emocionales.

8- Los regalos son accesorios. No centres las relaciones o las muestras de cariño en los bienes materiales. Esta es la fórmula consumista que quieren imponernos y al final no deja de ser una forma de llenar el vacío o las carencias emocionales con aspectos materiales.

9- Comunícate de forma asertiva. Si algo no te gusta, tienes que poder expresarlo, recuerda hacerlo siempre de una manera adaptativa que ayude a la resolución de esa problemática, pero no olvides defender tus valores y creencias, haciendo un uso adecuado del lenguaje, desde el respeto y la educación.

10- Aprende a estar bien contigo mismo/a, este es el punto más importante. El bienestar con uno mismo es la esencia. No se puede caer en el error de pensar que la felicidad procede de factores externos, porque en realidad procede de como nos enfrentamos y con que actitud afrontamos dichos acontecimientos.

 


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Autismo y escuela

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El autismo o Trastorno del Espectro Autista (TEA) es, como su nombre bien indica, un trastorno neurobiológico del desarrollo. Los síntomas y signos de alerta comienzan ya en la primera infancia, es decir, en la etapa que comprende entre el nacimiento y los 3 años.

A pesar de que cuando oímos hablar de autismo nos viene a la cabeza la imagen de algún personaje de película realizando movimientos repetitivos y expresando frases imitadas o repetidas, con bajo coeficiente intelectual, tenemos que tener claro que hay muchos grados de autismo.

Y atendiendo a esos grados, podemos hablar de autismo de alto funcionamiento cuando hacemos referencia a aquellas personas que pueden llevar una vida totalmente normal y, en los niños, pueden estar escolarizados en una escuela ordinaria. No obstante, sus dificultades les obligaran a seguir un tratamiento psicológico y psicopedagógico para que su inclusión en el mundo social, el cual no entienden al cien por cien, les afecte lo menos posible.

¿Y en qué consiste el tratamiento de un alumno con TEA dentro de la escuela? Dependerá mucho de las características del niño, como en cualquier otro caso, así como del apoyo y trabajo que la familia realice desde casa. Pero a grandes rasgos, podemos decir que el psicopedagogo de la escuela llevará a cabo un trabajo paralelo de inclusión y adaptación al entorno escolar y académico y también será importante tratar todos aquellos aspectos relacionados con las emociones del alumno, puesto que son niños con los sentimientos muy a flor de piel y necesitarán apoyo en esta área.

Con inclusión y adaptación al entorno escolar y académico entendemos tanto la adaptación al espacio, a los compañeros, a los profesores y demás personal del centro educativo, así como la adaptación de aquellas materias en las que el alumno requiera de ayuda, en caso de que sea necesario. Una adaptación del currículum o un refuerzo más individualizo pueden ayudar al alumno a seguir las clases con total normalidad. Siempre siguiendo las necesidades individuales de cada uno, puesto que cada niño es diferente y, por tanto, nunca habrá dos casos iguales.

Este aspecto es muy importante puesto que son alumnos vulnerables los cuales a veces no acaban de entender las relaciones sociales y pueden malinterpretar comentarios de los compañeros o incluso sentirse excluidos o fuera de lugar, como si ellos no perteneciesen a esa escuela, a ese grupo de compañeros, etc.

Por otro lado, también es fundamental una buena comunicación entre la escuela y la familia. Esta comunicación está pensada para ayudar al alumno tanto en el entorno familiar como en el escolar, por eso es importante que se dé con asiduidad y cualquier cambio que experimente el niño a nivel familiar, el colegio deberá estar al día para poder trabajarlo también desde aquí, puesto que, al ser niños tan sensibles, seguramente les afectará en su día a día.

Así pues, la familia y la escuela tienen que trabajar unidas por el bien del alumno, para conseguir que sea un niño autónomo y pueda llevar una vida lo más normalizada posible.

Tania Visiga Delgado
Num.Col. 1109





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Se termina el verano

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Se termina el verano y en muchas ocasiones sentimos una alteración en nuestro estado de ánimo.
Algunos de los factores que suelen interferir son:

  • Las despedidas y la separación de seres queridos con los que nos hemos reunido
  • La confrontación con la vuelta a la rutina
  • La asunción de responsabilidades con el nuevo curso
  • La disminución de exposición lumínica (ya que los días vuelven a ser cada vez más cortos)
  • Vuelta a la normalidad de nuestras rutinas alteradas durante el verano (tanto los horarios de comidas, como las horas de sueño)
  • La tendencia anticipatoria de lo que nos espera en el nuevo curso y las presiones y objetivos marcados, que siempre son un foco de presión (impuesta o autoimpuesta)

Cuando aparecen los síntomas secundarios a todos estos cambios o aspectos, y se mantienen durante más de dos semanas es cuando hablamos de depresión postvacacional. En líneas generales consiste en un desánimo general y una afectación con síntomas ansioso-depresivos, ligados especialmente al trabajo y al hecho de pensar en retomar nuestra vida laboral tras las vacaciones.

Las consecuencias de este trastorno no son graves y tampoco suele durar mucho en el tiempo, ya que el organismo termina por adaptarse. Pero en el caso de aquellos pacientes que ya tengan cierta tendencia a la alteración emocional es importante supervisar como afrontan este cambio para que no de lugar a una recaída o derive en una depresión mayor.

Para que esto no suceda os dejamos algunas de las pautas que pueden contribuir a que la vuelta al trabajo sea más liviana:
– Un buen planteamiento del primer día: No magnificar lo que representa el inicio, si no más bien darle un enfoque opuesto. Es decir, centrarnos en los aspectos positivos como por ejemplo volver a ver a los compañeros, pensar en la energía que tenemos ahora en comparación con el previo a las vacaciones, marcarnos nuevos objetivos que nos motiven, buscar nuevos alicientes…
– Tomártelo con calma: se consciente de que a todo el mundo en tu entorno laboral le estará ocurriendo lo mismo, y que por tanto no te debes de presionar por ello si no más bien procurar que la vuelta sea progresiva en cuanto a los niveles de exigencia y también a los objetivos que te marques. Organizarte de una manera minuciosa, darte tiempo y especialmente baja las expectativas iniciales.
-Intenta normalizar: Retomar los hábitos saludables y rutinas que seguramente habían desaparecido durante el periodo vacacional puede ser una gran ayuda. Además de ser fundamental para organizar de nuevo nuestros ritmos circadianos (nuestro reloj biológico), te ayudará a no tener tanto tiempo para pensar en lo que se ha terminado. Logrando mayor focalización en las novedades y aspectos positivos del día a día.

-Mantén el autocuidado personal: si añoras tanto los hábitos de descanso, puede ser que durante el curso estés sometido/a a mucho estrés, y esta afectación puede ser un indicador de ello, ya que tu curso sabe al ritmo frenético al que nuevamente lo vas a volver a someter, por eso buscar momentos de descanso y desconexión (adaptándolos siempre a las obligaciones del día a día) y bajar el nivel de exigencia, puede ayudarte a mejorar en tus hábitos y promover otras fórmulas de funcionamiento más saludables y con ello un mejor estado de ánimo.

 


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¿Castigar las malas notas?

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El final de curso ha llegado y con él las notas académicas de los estudiantes. Nos encontramos en pleno período de descanso después de un largo y duro curso escolar que comenzó en septiembre. Pero, ¿qué pasa cuando las notas no son todo lo buenas que se esperaba?

Algunas familias optan por castigar a sus hijos durante el verano como consecuencia de unas calificaciones finales que no eran las deseadas.

Y es que los adultos tendemos a pensar que castigando se va a conseguir que el niño o adolescente estudie más y por tanto se esfuerce también más el curso siguiente. Pero no siempre es así y, cuando lo es, no acaba de ser la manera más adecuada de concienciar al niño de los beneficios del estudio y de por qué debe implicarse y esforzarse más con las tareas escolares.

Por qué decimos esto 

Cuando se castiga a un niño o adolescente por malas notas más bien se está consiguiendo el efecto contrario: que el estudiante coja manía al estudio y se esfuerce aún menos siendo, por lo tanto, contraproducente el castigo.

Por otro lado, puede ser que el niño o adolescente sí estudie más y se vea aumentada su implicación en la escuela o instituto. Pero este esfuerzo se dará por miedo al castigo. Es decir, el estudiante no estará aprendiendo el significado verdadero del esfuerzo en el estudio.

Qué hacer entonces ante las malas calificaciones académicas

Ante las malas notas de tu hijo, primero debes mantener la calma y sobre todo no reñir al niño. Aunque cueste no enfadarse es imprescindible, ya que es súmamente importante depositar confianza en el menor para poder llegar al origen del problema. Siempre hay un motivo por el que el niño no logra alcanzar el éxito académico.

Estos motivos pueden ser varios y de diversa índole. Por ejemplo, podemos estar ante una dificultad de aprendizaje no detectada con anterioridad, desmotivación del menor ante lo académica, falta de interés del niño por el estudio y todo lo que esté relacionado, que el estudiante no esté pasando por un buen momento personal y emocional

Por todo esto y, sobretodo en aquellos casos en los que los resultados académicos no se correspondan con el esfuerzo del menor en los estudios, es importante poder ir descartando posibles causas.

Si necesitas asesoramiento sobre este tema o si sospechas que tu hijo/a puede tener alguna dificultad de aprendizaje que ahora no había estado presente, puedes ponerte en contacto con el equipo de profesionales de PsicoSabadell.

 

 Tania Visiga Delgado
Num.Col. 1109


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El insomnio en la tercera edad

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Las quejas de sueño inadecuado son muy comunes entre los ancianos, y plantea numerosos problemas de diagnóstico. Cerca del 35% de los ancianos presenta problemas relacionados con el sueño, especialmente de insomnio. El diagnóstico diferencial del insomnio en el anciano comprende las siguientes entidades:

Cambios en el sueño con la edad.

Generalmente, con la edad el sueño es más escaso, fragmentado y superficial, y la latencia de sueño es mayor. Seis a ocho horas de sueño al día suelen ser suficiente en personas mayores. También se produce con mayor frecuencia somnolencia diurna, y se pasa más tiempo en la cama. Es frecuente que estos cambios se perciban como anomalías, y que produzcan una queja de insomnio.

Insomnio asociado con enfermedades mentales.

Prácticamente todos los trastornos psiquiátricosdemencia, delirium, depresión, ansiedad, trastornos psicóticos – pueden producir insomnio, así como las reacciones de adaptación a acontecimientos vitales estresantes.

Insomnio asociado a enfermedades somáticas.

Las enfermedades somáticas asociadas a dolor crónico (ej. artritis reumatoide), a dificultades respiratorias (ej. EPOC, insuficiencia cardiaca), o a obstrucción urinaria (ej. prostatismo, infecciones urinarias crónicas), pueden producir insomnio con gran frecuencia. También pueden dar lugar a insomnio la mioclonía del sueño y la apnea del sueño.

Insomnio asociado con tratamientos.

Los agentes simpaticomiméticos (ej. descongestionantes y broncodilatadores), las xantinas, algunos antidepresivos (ej. fluoxetina) y sustancias como la cafeína pueden interferir con el sueño, especialmente si se consumen por la tarde.

Insomnio relacionado con trastornos de la respiración

Por ejemplo, la apnea del sueño

Mioclonus nocturno

Movimientos o sacudidas periódicas de las piernas que alteran el sueño.

Insomnio Primario.

Si todas las causas anteriores se han descartado, nos encontramos frente a un insomnio primario.

A la luz de dicho diagnóstico diferencial, es evidente que el tratamiento del insomnio debe ir encaminado en primer lugar a eliminar las posibles causas. En cualquier caso, antes de iniciar cualquier tratamiento se deberá optimizar el cumplimiento de las normas de higiene del sueño.

Reglas de higiene del sueño en el anciano.

-Regularidad en las horas de acostarse y levantarse, tendiendo a acostarse un poco más tarde.
– Evitar las siestas, especialmente empleando la cama.
– Evitar el consumo de café, alcohol y bebidas con cafeína por la tarde.
– Ejercicio físico moderado; no por la tarde.
– Tª entre 18 y 22º
– Evitar ruidos; si es imposible, contrarrestar con ruidos monótonos y relajantes.
– Evitar colchones excesivamente mullidos; favorecer el empleo de tablas o colchones duros.
– Cena moderada 2-3 h antes de acostarse como mínimo.
– Usar la cama sólo para dormir.

Los métodos de relajación pueden emplearse con buenos resultados cuando el paciente ha desarrollado un insomnio condicionado, en el que la propia expectativa del sueño favorece la aparición de ansiedad que impide el sueño.

En cuanto al empleo de sustancias hipnóticas, existen varios fármacos disponibles, pero deben emplearse con precaución y siempre bajo supervisión de un especialista en Psiquiatría. Si analizamos la relación riesgo/beneficio, debemos establecer unas pautas concretas para la utilización de fármacos hipnóticos en el anciano:

– Limitarse a las indicaciones establecidas.
– Insistir en la comprensión de las instrucciones de uso por parte del paciente y/o un familiar.
– Utilizar la mínima dosis posible, no más de 20 días al mes y menos de tres meses, siempre que sea posible.
– Seguimiento regular del paciente y supervisión de su psiquiatra de referencia, controlando especialmente las secuelas diurnas y efectos secundarios.


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