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La distorsión corporal, una defensa en los TCA

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Los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) son trastornos cada vez más prevalentes en la sociedad actual y con más difícil manejo en la práctica clínica. Estas dificultades son debidas en parte a las barreras/defensas que tienen las personas que los padecen, de forma inconsciente, por miedo a perder el control y volver a ser aquello que fueron.

La imagen corporal es uno de los factores más relevantes en los TCA. Hace referencia a cómo nos vemos a nosotros mismos y cómo esto nos hace sentir, incluyendo las emociones que nos produce el vernos como nos vemos. El peso y la silueta son los factores principales que influyen en nuestra imagen corporal, generando preocupación e insatisfacción en los TCA. La imagen corporal se forma a partir de los mensajes recibidos y lo que se ve es una mezcla de lo que se piensa, se siente y lo que se hace con lo que se piensa y se siente. Tiene más que ver con cómo se siente la persona con su cuerpo que con el cuerpo en si.

La distorsión de la imagen corporal es una de las principales barreras que nos encontramos en los TCA, se conoce como el «yo rechazado». Es una imagen que se interpone entre la persona y la imagen que se ve en el espejo, evitando que se vea como es en realidad. La distorsión es la parte de la persona que se resiste a cambiar, ya que dentro existe un miedo intenso a volver a ser aquello que fue y por lo que lo pasó tan mal. Es una separación de la mente y el cuerpo, una disociación, la persona no quiere vivir en ese cuerpo debido a que es una negación de lo que representa y el malestar que viene de él. 

El rechazo, la vergüenza y la tristeza son las principales emociones que se asocian a esta distorsión y la mantienen. El rechazo viene derivado de no aceptar el cuerpo ni lo que representa. La vergüenza surge de no querer mostrarse tal como es la persona para ocultar aquello que se cree que es negativo. Finalmente, la preocupación es lo que permite no volver a ser aquello que fueron. Mediante la preocupación la persona está continuamente en alerta y pone en marcha diferentes técnicas de control respecto a la comida y el peso

Sin embargo, detrás de estas emociones se esconde otra más profunda, que es la tristeza y que conecta con la parte más vulnerable de la persona, parte que considera que no puede mostrarse tal como es porque cuando lo hizo le humillaron o le hicieron daño, es ese niño/niña que no recibió lo que merecía.

Todo este conjunto de emociones y resistencias generan en la persona que lo padece un profundo malestar, originando ansiedad y sintomatología depresiva, la necesidad de estar alerta continuamente, miedo y control constante. Por eso, para mejorar el tratamiento y el malestar que se deriva es muy importante prestar atención a las defensas que existen, sentirlas, dejarlas que se expresen, validarlas y que se pueda integrar en la personalidad.

Tamara Garrido 
Nº Col. 23711
Psicóloga General Sanitaria


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