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Etiquetas en los trastornos de aprendizaje: ¿sí o no?

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Cada vez es más común diagnosticar trastornos de aprendizaje en la etapa escolar. Esto es debido a que actualmente se tienen más en cuenta este tipo de dificultades y tanto los colegios como las familias están más sensibilizados con estas problemáticas.

Antiguamente, cuando un niño no quería estudiar o no se le daba bien estudiar, siempre se le culpaba a él y se le tachaba de vago en muchas ocasiones. Nada más lejos de la realidad. Los niños por naturaleza son curiosos y tienen ganas de aprender.

Es cierto que cada uno tiene unos intereses diferentes y, por lo tanto, también unas curiosidades determinadas que lo diferencian del resto de los niños, que a su vez lo hacen único. Pero los niños no son vagos. Cuando se comportan así es porque detrás hay algún otro problema y esto los lleva a no querer aprender o no querer prestar atención a los estudios.

Y es aquí cuando las familias y los docentes deberían ponerse en alerta e intentar averiguar qué le está pasando al niño, por qué y de qué manera se le puede ayudar.

Llegados a este punto, es importante acudir a un profesional para poder determinar si hay un trastorno. Y aquí es cuando comienza el, digámosle miedo, que aún existe ante un diagnóstico psicológico (en este caso educativo).

Entonces nos planteamos la importancia o necesidad de etiquetar al niño: ¿es realmente importante diagnosticar a un niño que presenta trastorno de aprendizaje o es mejor ayudarlo sin un diagnóstico que nos guíe para evitar las posibles etiquetas que éste pueda causarle?

Los diagnósticos siempre deben hacerse con mucho respeto, pero precisamente por eso es importante saber qué le pasa al niño. Sin esta información no se podrá actuar correctamente porque no se acabará de entender por qué el niño actúa de la manera que lo hace. Tampoco se le podrá ofrecer la ayuda necesaria, impidiéndole avanzar en su aprendizaje y desarrollo emocional. Es decir, no se podrá elaborar un plan de trabajo adaptado al niño, reforzando aquellas áreas con dificultades y potenciando las que mejor domina.

Ahora bien, también es importante tener en cuenta que el diagnóstico sirve para guiar, ayudar y entender al niño a la hora de establecer su plan de trabajo. No sirve para etiquetar a las personas porque las etiquetas pueden convertirse en algo negativo cuando se usan de manera negativa. Tachar a un niño de hiperactivo puede ser contraproducente si solo se le ve como un niño movido y no se intenta aprovechar esa hiperactividad para aprender de manera diferente.

Por lo tanto, las etiquetas sirven cuando son positivas, cuando se ponen con la intención de ayudar al niño y no de abandonarlo ante su dificultad.

Para más información sobre diagnósticos y tratamientos en dificultades de aprendizaje, no dudes en ponerte en contacto con el equipo de PsicoSabadell. Te orientaremos encantados.

 

Tania Visiga
Num.Col. 1109


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Hiperparentalidad

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El término “hiperparentalidad” o “hiperparenting” surgió aproximadamente hace 30 años en Estados Unidos y designa a la presión social para que los padres “creen” al hijo perfecto.

El hijo perfecto es aquel que desde bebé está hiperestimulado para que se desarrolle pronto, es decir, para que camine antes, hable antes, que desde pequeño hable nuestro idioma y, a poder ser, que también sepa decir los colores en inglés. Después de esto, comienza la ardua tarea de los padres por encontrar un buen colegio con un sistema pedagógico innovador y que, sobretodo, enseñe muchas cosas al niño. Y después de esto, hay que pensar en todas las actividades extraescolares a las que le podemos apuntar para mejorar y optimizar su rendimiento académico: idiomas, deportes, música, robótica… Porque todo es poco para la preparación de nuestros hijos para que tengan una vida exitosa. El resultado de esto son niños con un horario muy extenso, entre colegio y actividades extraescolares, a las que se ha de añadir el rato de los deberes y que, en ocasiones, puede dejar poco rato libre al día para jugar o simplemente para no hacer nada.

También hay que entender el punto de vista de los padres, los cuales quieren proporcionar a sus hijos todo lo necesario para que de mayores se puedan adaptar a un mundo cada vez más competitivo. Por otro lado, también quieren proporcionar recursos y oportunidades que quizás ellos no tuvieron a su misma edad.

Si hablamos de los extremos que nos encontramos habitualmente en consulta, podemos describir dos situaciones:

Por un lado, un niño poco estimulado, con poco acceso a recursos probablemente no podrá desarrollar todas sus habilidades de manera óptima y rendirá en todo por debajo de lo que realmente podría.

Por otro lado, un niño muy estimulado puede sentirse abrumado en algunos momentos y eso se traducirá en mayor nerviosismo, mayor actividad motriz (o “hiperactividad”), menor atención en clase, mayores niveles de ansiedad y poca tolerancia a la frustración. En conjunto, con toda la buena intención de proporcionar oportunidades podemos incentivar sin querer a que ese niño o niña esté más estresado.

En ambos casos, el resultado puede ser un rendimiento escolar por debajo de sus posibilidades.

 

Desde PsicoSabadell abogamos por la estimulación de las capacidades cognitivas, sociales y emocionales para un óptimo desarrollo. Sin embargo, hemos de tener en cuenta que, como todo en esta vida, todo en su justa medida es más efectivo. Os sugerimos tener en cuenta:

  • Estimular a los niños para mejorar su desarrollo pero respetando su ritmo. No todos los niños consiguen los hitos al mismo tiempo. No obstante, siempre bajo la supervisión del pediatra.
  • No entréis en “competiciones” por ver qué hijo hace mejor las cosas o cómo de rápido las hace. Os creará un estrés innecesario. Disfrutad de vuestro hijo o hija a cada pasito que da en su evolución.
  • A la hora de escoger una actividad extraescolar, decantaros por las que motiven a vuestro hijo o hija. De esa manera se lo tomará como un juego e irá mucho más motivado.
  • Procurad tener momentos en el día en el que vuestro hijo no haga “nada”, simplemente que juegue y que use su imaginación.
  • En la medida de lo posible, procurad evitar horarios “laborales” extensos, especialmente si vuestro hijo es pequeño.
  • Disfrutad de tener tiempo libre juntos… sólo son pequeños un tiempo y … ¡el tiempo pasa volando!

Por: Jessica Arjona
Num.Col. 21919


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