Tag Archives: adolescente

  • 0

Una intervención multidisciplinar

Tags : 

En muchas ocasiones escuchamos hablar de las intervenciones terapéuticas en las que varios profesionales intervienen con el mismo niño o adolescente. Pero hay quien no tiene clara la función de tantos profesionales actuando sobre el mismo caso. Para clarificar a que se refiere vamos a dedicar este post a explicar en que consiste centrándonos en el área de infanto- juvenil.

Ante casos concretos como por ejemplo los trastornos del desarrollo, las necesidades de intervención suelen ser muchas, porque las afectaciones se ponen de manifiesto en la mayor parte de áreas de desarrollo del niño y esto requiere de un abordaje integral, en el que diferentes especialistas trabajen conjuntamente. Las consecuencias pueden influir en la adquisición de itos prototípicos del desarrollo infantil (contacto ocular, adquisición del habla, del juego simbólico,  las relaciones sociales y de otras formas de interacción del niño con su entorno). Cuando se identifican retrasos o dificultades de este tipo, es crucial comenzar un trabajo terapéutico que fomente la estimulación de todos aquellos aspectos que están viéndose retardados. Ya que no debemos olvidar que las primeras fases del crecimiento son críticas, y todo lo que se pueda adquirir aquí será la base para posteriores aprendizajes.  Por tanto, llegados a este punto, la familia tiene que solicitar ayuda para minimizar las consecuencias, y aumentar los recursos y estrategias que puedan suplir estas dificultades en el pequeño/a.
En muchas ocasiones también los propios familiares requieren de ayuda para afrontar la vivencia que están teniendo. Y es que, cuando pensamos en la crianza y evolución de un niño/a la tendencia general, es a hacerlo desde una visión normalizada, donde la dificultad se obvia. Y sin embargo, cuando la realidad es distinta, tenemos que hacer un trabajo de afrontamiento que en ocasiones tampoco resulta sencillo.

En PsicoSabadell somos muy conscientes de todo este proceso, y de la implicación que tiene sobre el sistema o núcleo familiar, por eso disponemos de un equipo multidisciplinar con especialistas del ámbito de infantil que realizarán un abordaje integral de la problemática de tu hijo. La clave del éxito es el trabajo coordinado y conjunto con la familia, la escuela y el resto de profesionales que intervienen en el proceso terapéutico del niño/a con el fin de aunar fuerzas para lograr los objetivos terapéuticos marcados en cada caso.

Disponemos de una neuropsicóloga que realizará una  evaluación diagnóstico de los diferentes trastornos neuropsicológicos, trabajando siempre mano a mano con neuropediatras, pediatras, neurólogos, con el objetivo de velar por las necesidades del paciente. Una psicóloga general sanitaria de infanto-juvenil que es además es especialista en trastornos del desarrollo y concretamente  trastornos del espectro autista TEA. Una logopeda para el tratamiento de los casos en los que se requiera hacer una intervención en trastornos del lenguaje (oral y escrito), trastornos de la voz y del desarrollo orofacial y otras alteraciones funcionales. Y una psicopedagoga especialista en trastornos del aprendizaje que proveerá al niño/a, a la familia y a los profesores, de las herramientas necesarias para hacer frente a las dificultades académicas derivadas de su problemática. Ademas de la creación y adaptación de los planes curriculares en base a las necesidades de cada paciente.



  • 0

La depresión en adolescentes

Tags : 

La propia adolescencia, como etapa evolutiva del desarrollo, está expuesta a una serie de cambios tanto físicos como emocionales. Es una etapa de confusión e incertidumbre, en la cual se descubre la propia identidad y se acaba de formar la personalidad, por lo tanto no siempre es fácil para los familiares de un chico o chica adolescente diferenciar los síntomas de la depresión entre las dificultades propias de la adolescencia.

A diferencia de los adultos, que tienen la capacidad de buscar ayuda por su cuenta, los adolescentes esperan que las personas de su alrededor reconozcan su sufrimiento.

El mal humor o rebeldía son normales en la etapa de la adolescencia. Pero los cambios persistentes de personalidad, de estado de ánimo o de comportamiento son señales de alerta de que existe un problema más grave.

Las señales de la depresión no siempre son obvias. Los adolescentes con depresión no necesariamente muestran tristeza sino que pueden manifestar irritabilidad, enfado o agitación. Otro de los elementos claves y que pueden hacernos sospechar, es si el chico o chica se aparta de sus amistades y predomina el aislamiento. Las relaciones interpersonales suelen verse afectadas en la depresión adolescente.

También suelen perder el interés en actividades que antes les resultaban agradables, es decir, dejan de practicar algún deporte, algún hobby…

Se observa un peor rendimiento académico y un desinterés por los estudios. Es frecuente que dejen de asistir a clase y sus notas bajen considerablemente.   Por ello es importante hablar con el/la tutor/a de nuestro/a hijo/a para saber cual ha sido su asistencia al instituto y si ha observado algún cambio en su comportamiento o actitud.

Hay que prestar atención de igual modo, a cualquier cambio en los hábitos alimentarios, es decir, pérdida del apetito o por el contrario hambre en exceso.

El sueño también suele verse alterado, les cuesta conciliar el sueño, suelen despertarse durante la noche o a pesar de haber dormido las horas necesarias sienten fatiga o falta de energía.

En los adolescentes con depresión predomina la falta de entusiasmo y de motivación, no sienten interés por nada ni le encuentran sentido a nada.

Si como padres sospechan que su hijo/a podría estar deprimido, hable con él o ella de sus preocupaciones de una manera cercana. Incluso aunque no esté seguro de que la depresión sea el problema, los comportamientos problemáticos y las emociones que está viendo pueden ser signos de alarma de un problema que debe hablarse. Hablar con el adolescente sobre sus preocupaciones y hacerle saber que está dispuesto a escuchar lo que le ocurre e intentar ayudarle en lo que necesite. El adolescente necesita sentirse apoyado pero hay que evitar que se sientan acorralados o interrogados.

 

Consejos para comunicarse con un adolescente deprimido

Es importante escuchar e intentar no juzgar o criticar a su hijo/a.

  • Si su hijo se cierra y no quiere hablar al principio no se rinda.   Incluso aunque quieran hablar sobre ello, pueden tener dificultades para expresar lo que sienten. Hay que ser respetuoso con los tiempos y no presionar, hasta que su hijo se sienta cómodo para poder explicar como se siente.
  • Reconozca sus emociones y sentimientos. Incluso aunque le parezcan absurdos, es importante empatizar y validar sus emociones. Si le quitamos importancia, se sentirán como si no les tomaran en serio. Lo único que necesitan es sentirse apoyados y comprendidos.

El apoyo por parte de sus familiares puede ser de gran ayuda para los adolescentes deprimidos, pero no siempre es suficiente. Cuando la depresión es grave, es necesario buscar ayuda profesional.

Desde nuestro centro de psicología trabajamos con niños y adolescentes, así como con su familia y otros profesionales implicados. Nos adaptamos a las necesidades de cada paciente, ya que, para nosotros es fundamental una buena relación entre psicólogo y paciente como base de la intervención.

 

Raquel Bello
Nº Col 25124


  • 0

Terapia EMDR y trauma infantil

Tags : 

La palabra “trauma” puede desembocar en nosotros la imagen de un suceso terrible que pone en riesgo nuestras vidas como puede ser un accidente o un ataque terrorista. Ciertamente se tratan de situaciones en las que la persona queda paralizada al verse envuelta en una situación que supera los recursos para afrontarla y que pone en peligro la integridad vital. También hay situaciones cotidianas o más repetitivas que pueden generar “trauma” como el abuso, el maltrato, un estilo de apego inseguro o evitativo con nuestros progenitores, etc.

Si una situación con estas características puede paralizar a un adulto, imagínense a un niño. Los niños, en su proceso de desarrollo y maduración, pueden sentirse vulnerables e indefensos ante diversas situaciones, más allá de las catástrofes, por lo que siempre van a requerir la contención y ayuda de un adulto. Por este motivo, no es de extrañar que los niños y adolescentes sean más sensibles y vulnerables a las experiencias traumáticas y por ello, es muy importante conocer los desencadenantes y los síntomas de las mismas.

Debido a la inmadurez de los niños, una experiencia traumática puede ser una situación que, a priori, no tenga importancia para un adulto o que se presuponga un impacto leve en el estado emocional.

En consulta no es extraño encontrar la raíz de algunos problemas afectivos o de relación en niños con experiencias “traumáticas” en la primera infancia o más adelante que pasaron desapercibidas. Por ejemplo, una caída, un atragantamiento, un día en la piscina que casi termina en ahogo, la muerte de un familiar cercano, de una mascota o la respuesta que obtenemos de un adulto pueden condicionarnos en nuestro proceso de aprendizaje de nuestra identidad, nuestra manera de relacionarnos con nosotros mismos y con los demás.

Por lo tanto, las características de un suceso que pueda dejar una impronta traumática en los niños y adolescentes son:

– situación que ponga en riesgo la integridad vital de uno mismo.

– situación con alto impacto emocional, los niños especialmente se “impactan” con aquello que ven y oyen.

– situación en la que ve a sus adultos de referencia (padres, tutores) nerviosos u desbocados.

– situación en la que no hayan sido protegidos por un adulto o que no se hayan sentido así.

– situaciones desconocidas que requieran de la contención de un adulto.

– situación en la que no se hayan podido expresar los sentimientos de ansiedad o miedo.

 

En general, cualquier situación que desemboque en el niño sentimientos de miedo, ansiedad y sensación de inseguridad son de especial importancia que los adultos cercanos las detecten y puedan ofrecerles la contención emocional y la seguridad que necesitan, aunque a juicio de un adulto la situación no sea tan grave, para un niño que está aprendiendo cómo funciona su cuerpo, sus sentimientos y el mundo que le rodea, necesita sentirse seguro para afrontar situaciones problemáticas futuras.

Qué manifiestan los niños y adolecentes ante situaciones traumáticas no resueltas:

Primera infancia:

La falta de lenguaje verbal complica que los niños nos expresen con palabras lo que les sucede, por lo que hay que estar muy pendientes de cambios en sus rutinas de comida y sueño.

– mayor irritabilidad.

– dificultad para calmarlos.

– necesidad de estar apegado al adulto.

– dificultades para comer o dormir

Preescolar:

Igual que en la primera etapa,  hay que estar muy pendientes de cambios en sus rutinas de comida y sueño. En este caso, también hay que estar alerta a cambios en su manera de relacionarse con los padres, los compañeros u otros adultos. El juego y el dibujo nos dan muchas pistas de lo que les preocupa.

– irritabilidad

– mala conducta

– dificultades para comer o para dormir

– manifestación de conductas correspondientes a edades más tempranas.

Edad escolar:

Poco a poco van madurando y van conociendo los antecedentes y consecuencias de los actos del mundo así como de las reacciones de los adultos. A pesar de ello, muchas veces no saben encontrar el origen de su malestar y acostumbran a manifestarlo en mayor irritabilidad, mal humor, mala conducta, miedos y conductas propias de edades más tempranas.

– miedos

– pesadillas

– problemas para dormir

– mojar la cama (enuresis nocturna o diaria)

– mala conducta

– irritabilidad / irascible

– molestias físicas (dolores de barriga, de cabeza, etc)

– en niños más mayores, a partir de los 8-9 años, sentimientos de vergüenza o culpa

– mayor apego a los adultos

– expresión de la situación que les ha impactado a través de los juegos o los dibujos.

Adolescencia:

En esta etapa, el adolescente se despega de los padres para juntarse con su grupo de iguales y descubrir y formar su propia identidad. No es de extrañar que busque mayor apoyo en sus amigos y que, de algún modo, quiera identificar lo que le sucede con los demás. No obstante, pueden aparecer signos de mayor labilidad emocional, en la esfera ansiosa- bajo estado del ánimo o todo lo contrario, desafiante e irritable. Mantener una actitud abierta de escucha y de “no juicio” es fundamental en una etapa en la que, ya de por si, cuesta mantener un buen clima de comunicación.

– expresiones emocionales más intensas de miedo, ansiedad o enfado.

– conductas inapropiadas o temerarias.

– mayor irritabilidad

– mala conducta

– problemas para dormir o comer

– ansiedad o conductas fóbicas

– manifestación de conductas correspondientes a edades más tempranas.

 

Desde PsicoSabadell os queremos presentar la modalidad infanto-juvenil de la terapia psicológica EMDR. Se trata de un abordaje basado en la identificación de recuerdos pasados “no resueltos” para su posterior reprocesamiento e integración en la memoria autobiográfica de la persona. Cuando un suceso que en su momento tuvo un alto impacto emocional, ya fuese puntual o que se diera de manera continua, nos condiciona en nuestra maduración y en la formación del yo. No es extraño que una experiencia impactante no resuelta tenga consecuencias en el futuro en nuestra visión de nosotros mismos y en la relación con los otros.

Esta técnica esta basada en el proceso natural del cerebro de integración de la información obtenida de nuestros sentidos y del entorno que sucede durante la fase de ondas lentas o fase REM del sueño. Dicho abordaje simula un estado similar a este estado mediante la estimulación bilateral ocular o por toques en las manos accediendo al recuerdo por sus canales de entrada (los sentidos) para reprocesar el recuerdo y crear nuevas conexiones asociadas a dicho recuerdo de modo que no generen el malestar manifestado hasta el momento.

EMDR es un abordaje que ha demostrado en numerosos estudios científicos su eficacia con el Trastorno por estrés postraumático. Hay abiertas nuevas líneas de investigación que, en el ambito infanto-juvenil, en el campo de la sintomatología afectiva y conductual en el caso de problemas ansioso-depresivos, conductuales, alimentarios y en problemas de apego.

En PsicoSabadell disponemos de una psicóloga infanto-juvenil con formación especializada en EMDR infantil.

Si creéis que vuestro hijo/a puede beneficiarse de este tipo de intervención, no dudéis en poneros en contacto con nuestro centro para informaros.

Por Jessica Arjona
N.col. 21919

 

Sitios web de interés:

Asociación Española de EMDR: http://emdr-es.org/sobre-emdr/

 

 


  • 0

La adolescencia como proceso de cambio

Tags : 

El que la adolescencia sea un proceso de cambio tiene una influencia, muy importante en la estabilidad de los adolescentes: el objetivo, en este caso, no sería tanto hacerles conscientes del proceso por el que están pasando, sino más bien, que los adultos que los rodean, al serlo, sepan llevar a cabo las actuaciones necesarias para que este proceso se desarrolle de la manera menos traumática y más adecuada posible. Existen dos líneas básicas de acción en este sentido.

 

  1. Ajuste de la exigencia de crecimiento a la realidad
  • Este ajuste ha de darse, especialmente, por la propia dificultad que entraña para los adultos el situar al adolescente en el momento vital real en el que se encuentra: los cambios fisiológicos a los que se hacía referencia anteriormente, el crecimiento, la apariencia como adulto, en algunos momentos confunden a quienes están cerca, haciéndole pensar que se encuentra ante alguien que ya ha pasado por los procesos anteriormente descritos.
  • En algunos momentos, las dificultades viene dadas por la actitud percibida en los adolescentes por parte de los adultos, como retadora, amenazante, y hay que tener en cuenta que en bastantes ocasiones sólo provocan, esperan, buscan la escucha ecuánime por parte de los adultos.
  • Otro aspecto a tener en cuenta es la irregularidad de los cambios descritos: en la adolescencia hay momentos que presentan una mayor complejidad; la transición adolescente, aun interpretándola como una etapa global, no es uniforme y cabe tener en cuenta que “no es fácil salir así de la adolescencia para entrar en el mundo adulto.
  • Es necesario que los adultos que rodean al adolescente tengan conciencia de la irregularidad de este proceso, ya que durante el mismo se producen transformaciones y, por lo tanto, organizaciones y desorganizaciones. “Se deja de ser y se intenta ser; se avanza y se retrocede; se busca la seguridad para paliar la más perenne de las inseguridades; se tiene la sensación de que algo de uno mismo se va con cada una de las crisis cotidianas” (Funes, 1990).
  • La demanda de crecimiento que los adultos llevan a cabo con los adolescentes, así, debe ajustarse, y tener muy en cuenta el momento personal por el que el adolescente atraviesa: no debe apresurarse la exigencia, ni eliminarse. Sencillamente, adaptarse a la realidad adolescente que se tiene al lado.

 

  1. Acompañamiento para promover la maduración
  • El proceso de maduración no es algo casual, ni que se da espontáneamente. Ese proceso se va produciendo a través de la educación; y no se debe olvidar que, en el fondo, educar a un adolescente es “posibilitar la evolución y el desarrollo de sus capacidades, intentar que vaya obteniendo un balance positivo de sus experiencias vitales (que se sienta bien dentro de su piel), procurar que logre un conjunto de conductas sociales que no le reporten excesivos conflictos con la sociedad en la que está y, finalmente, que se sienta miembro de un grupo social, de una comunidad, que tenga la vivencia de que “pertenece”, que es miembro de algo” (Funes, 1990).
  • Esta labor educativa –y ha de recordarse que, como se decía anteriormente, todo adulto que se acerca a un adolescente es educador, mal que le pese- ha de ser una suerte de acompañamiento. Hablamos de la figura del mentor del adolescente, definiéndolo como “aquel que siendo vivido como cercano y disponible actúa desde la distancia –sin intromisiones y confiando en la evolución positiva- para ordenar las crisis y las dudas del adolescente, ofreciéndole propuestas, recursos, líneas de salida; aquel que le ayuda a que incorpore en su persona las experiencias, los elementos positivos que se decantan de su paso por las instituciones, los servicios, los recursos”. No tanto apostando por la “creación” de una figura de estas características, sino basándose en la “necesidad de conseguir que los adultos que inciden en la adolescencia ejerzan esas funciones; a la necesidad de potenciar (crear, estimular, enseñar…?) entre esos adultos, que están o deberían estar presentes, la parte de personaje empático, de personaje que conecta […] con la realidad adolescente”.
  • Para él, esta cuestión está en relación con el papel del educador no para transmitir simplemente conocimientos, sino para “responder” a las preocupaciones adolescentes, preocupaciones e implicaciones que surgen incluso de la supuesta simple transmisión de conocimientos asépticos, algo muy relacionado con la búsqueda de referentes de la que anteriormente se hacía mención.
  • En cuanto a la manera, debe basarse en lo conocido por los educadores que tienen experiencia de trabajo en este campo: se trata de ser un adulto entre los adolescentes, no de ser uno más ni un amigo: “se trata de ponerse en el lugar del adolescente sin ser un adolescente”.
  • Aun así, hay que señalar con respecto a la aparición de los adultos en el medio adolescente que cabe tener en cuenta que “la razón de nuestra la intervención debe basarse en la necesidad de ofrecerle la posibilidad progresiva de que construya su propia identidad”, y que para ello hemos de respetar su propio ritmo de maduración, manteniendo una actitud de espera, de esperanza de cambio, de evitar intervenciones prematuras o precipitadas que contribuyan a fijar al adolescente en su condición problemática.
  • Como conclusión, cabe afirmar que la intervención de los adultos que mejor puede facilitar la maduración del adolescente es la de acompañarle en ese camino sin paternalismos ni exigencias desmedidas, sencillamente ofreciéndose como posible consultor en determinados momentos y respetando que su proceso de crecimiento es propio e intransferible y, como mucho, puede ser contemplado desde la cercana distancia, ofreciendo alternativas ante situaciones de crisis o bloqueo.

En PsicoSabadell, centro de psicología y psiquiatría, estaremos encantados de acompañarte en el proceso madurativo con tu hijo/a.Disponemos de un equipo profesional y colegiado que te surtirá de pautas y estrategias para lograr que ambos disfrutéis de este periodo y se produzca un desarrollo normativo, priorizando la seguridad y el bienestar del adolescente.

 


Calendario

diciembre 2018
L M X J V S D
« Nov    
 12
3456789
10111213141516
17181920212223
24252627282930
31  

Video Virtual

Visita Virtual YouTube play